La intervención del Presidente de la República en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en la que niega la existencia de racismo en el país, muestra una vez más la negativa estatal en reconocer un hándicap asociado a nuestra identidad.
La falta de reconocimiento forma parte de una política oficial de “no hacer” que permite de esta manera que el problema persista.
Hay que aclarar que racismo no es solo el rechazo o denigración las personas haitianas o su descendencia por su color de piel, se refleja también en las relaciones entre dominicanos y dominicanas.
Una pequeña muestra del racismo en el país constituye la famosa expresión “Hay que mejorar la raza”. Nada más expresivo de la auto-percepción de inferioridad y desprecio con las que se valoran las personas de color de piel oscuro, respecto a la superioridad y engrandecimiento hacia aquellas de color de piel más claro.
Este auto-desprecio plantea un problema de construcción de ciudadanía, además de la imagen, no sitúa a las personas en su trayectoria histórica hacia la construcción de su futuro desde lo que ha sido y lo que es. Somos también descendientes de esclavos sometidos que tuvieron la valentía de sublevarse y reclamar su derecho a ser tratados como seres humanos. No solo el grito de independencia marca el impulso de nuestra autonomía y libertad. ¿En cuántos centros educativos se enseña la historia de Diego de Ocampo, Sebastían Lemba o las rebeliones cimarrones?
La Cumbre del CELAC, refleja los intentos de la comunidad latinoamericana de trabajar cada vez más en su integración desde sus propias visiones políticas y económicas. Pero a la vez, platea interrogantes sobre el seguimiento político a las decisiones emanadas del sistema interamericano de protección de los derechos humanos.
Precisamente en el marco de la cumbre, disidentes del régimen cubano denunciaron a medios internacionales de comunicación y por las redes sociales, las persecuciones y arrestos ilegales a los que estaban siendo sometidos para evitar manifestaciones aprovechando la presencia de la prensa internacional. Ninguno de los presidentes y presidentas que ahí se encontraban se pronunciaron al respecto.
Los incidentes despiertan también interrogantes para las redes regionales de derechos humanos y su solidaridad con las personas defensoras en este país. Solo algunas ONG como Human Rights Watch, se sumaron al apoyo de las denuncias, no así redes latinoamericanas. El reto se plantea a partir de la identificación ideológica del movimiento latinoamericano de “izquierda” en la que se ha exaltado la resistencia cubana a las hegemonías capitalistas neoliberales en amplios sentidos: políticos, económicos, culturales o religiosos.
El viejo sueño unidad latinoamericana se acerca en los diferentes esfuerzos a través de la creación y fortalecimiento de espacios. El respeto a los derechos humanos, incluyendo el racismo y las libertades individuales, a nivel interno y regional, debe ser prioridad dentro de esa agenda integracionista, independientemente del país que se trate.