Foto ilustrada

Anoche (el martes), de forma no acostumbrada, mi familia optó por compartir un rato en la galería.

Al poco tiempo, mi esposo y mi hijo salieron de la casa, quedándonos mi hija y yo.

Santo Domingo, República Dominicana.- El ruido intenso de un motor, que ya de por sí es violencia, me alertó y observé a tres adolescentes, de entre 15 y 18 años, aproximadamente, pasar frente a la casa, reducir la velocidad y mirar de forma intensa hacia nosotras.

Prevenidas, por la "percepción" de atracos y violencia de toda índole que nos azota, nos mantuvimos vigilantes.

Justo en ese momento, un segundo motor, con otros tres jóvenes a bordo se acercaba a la casa en la misma actitud que el grupo anterior.

Inmediatamente conminé a mi hija para que entráramos rapidamente a la casa, mientras observaba a través de los barrotes de la verja de la vecina, que el primer motor se había quedado un tanto agazapado, al parecer en espera de las acciones del segundo.

Tan pronto empezamos a cerrar las puertas apareció mi esposo en acttud expectante y persiguió a los motorizados, que huyeron despavoridos.

Cuando le contamos la experiencia, le pregunté por qué había regresado tan rápido, y me dijo que al salir, observó que esos mismos motoristas se quedaron mirándolo una calle más abajo, mientras mi hijo le decía que uno de los motores había pasado observando frente a la casa en momentos en que estábamos todos reunidos; lo que le hizo suponer que, al asumir que estábamos solas, ellos lo asumieran como el momento propicio para sus maniobras.

Quiero llevarle el mensaje al Ministro de Interior y Policía, al Jefe de la PN y a cualquier organismo e institución de seguridad vinculado al Estado, que ni mi esposo ni yo estamos "pagos", como argumentan a veces algunas personas.

Pero mucho menos nuestros hijos que apenas alcanzan los primeros años de adultez y quienes fueron criados con los mejores principios que pudimos inculcarles, con respeto al prójimo y con amor a su tierra, pero que de ningún modo vamos a permitir sin antes luchar que nos arranquen las vidas menesterosos que pueden ser fácilmente identificables por los organismos de seguridad del Estado, simplemente porque no pertenecemos a la élite económica o porque no somos "incumbentes" de primer orden de este o de cualquier otro gobierno. 

Somos tan dominicanos como el que más.

Este es nuestro país y nuestras raíces. Si ustedes se sienten incapaces, abandonen los puestos, pero no permitiremos sin antes luchar con uñas y dientes que nos arranquen lo único que tenemos: una familia unida.