Mujeres con nombres e historias propias: Yasime, Yeraldina, Macdielis y Soraida. También se habla de Librada, Wilenia, Paola y Reymira.

Todas asesinadas por hombres que un momento fueron sus parejas. Me pregunto ¿cuál habrá sido el color favorito de cada una? ¿Preferirían leer o salir a bailar para divertirse?

¿Se habrán levantado ese día con miedo o sin imaginarse lo que estaba por venir? ¿Quién habrá sido la última persona a quien le dijeron “te quiero” antes de morir? Quizás a sus hijos e hijas, quizás a sus mamás y papás.

Nunca lo sabremos. Sus vidas fueron arrebatadas por la violencia machista. La sociedad reacciona indignada, como debe de ser. Pero la conversación se queda corta. Mucha gente cuestiona al Estado dominicano. ¿Qué está haciendo el gobierno para acabar con los feminicidios? ¿Dónde están las autoridades? ¿Por qué no se ha hecho más para prevenir estas muertes? Preguntas válidas, pero incompletas.

El Estado juega un papel fundamental, pero no puede convertirse en chivo expiatorio. Por más políticas sociales que promueva el Estado, hasta que la sociedad no se adueñe de la lucha contra todas y cada una de las formas de discriminación contra mujeres y niñas, no estamos en absolutamente nada.

Los feminicidios son un extremo del patriarcado. Un extremo; pero antes de llegar a ese punto hay un espectro completo de desvalorización y cosificación de las mujeres y niñas. Por cada fatalidad que llega a la prensa, hay un sinnúmero de casos que no llegaron a muerte. Algunas recibieron ayuda a tiempo, otras terminan en hospitales y muchas en estos momentos se están poniendo maquillaje para ocultar los moretones. Esas son tus compañeras de trabajo, tus parientes, tus vecinas. ¿Qué has hecho tú para darles apoyo a las mujeres y niñas que viven en violencia día a día? Y quizás más importante, ¿qué has hecho tú para desmantelar la cultura misógina que propicia esas tragedias?

Cada feminicidio parte el alma. Pero no podemos ahincarnos en una rutina en que cada equis número de casos, la prensa presta atención y la población se alarma. Un círculo vicioso manchado de sangre. La indignación tiene que ser continua y sin tregua.

 ¿Te indignan los feminicidios? Pues conviértete en agente de cambio contra la cultura machista en todas sus ramificaciones. Aboga, diariamente, contra la desvalorización social, política y económica de las mujeres como si fuese un caso de vida o muerte… porque lo es.

A todos los medios de comunicación: es impensable que hoy día todavía sigan “reportando feminicidios” sin proveer información sobre líneas de emergencia a su audiencia. Quien te lee y te escucha puede estar pasando por situaciones de violencia y puede necesitarlos.  En cada informe, cada escrito y cada reportaje tienen que incluirlos.

No basta informar; también tienen que aportar soluciones. Y dejen de decir que “se desconocen los motivos del asesinato” y de darle cámara a conocidos de los asesinos para que digan que “ese muchacho era tan bueno, nunca le hacía daño a nadie” si usted está reportando que ese hombre acaba de matar a una mujer. Esas expresiones minimizan la gravedad del asunto.

¿Te indignan los feminicidios? Pues educa en igualdad y practícala en todas tus relaciones. Educar a los niños y niñas desde temprano es crucial para fomentar una mentalidad colectiva en que mujeres y niñas no sean desvalorizadas en la sociedad.

En República Dominicana existen 3 casas de acogida confidenciales. Se conecta con ellas a través de la Línea de Auxilio 24 horas del Ministerio de la Mujer. Los números (sin cargos) son 809-689-7212 y 809-200-7212.