Danilo Medina ha entrado en probablemente el peor momento de su arrolladora campana y Luis Abinader en su mayor y promisorio momento. Los rostros de ambos me resultan a mí una confirmación de lo anterior
A 8 días de las elecciones presidenciales, congresuales y municipales un segmento importante –quizás del orden del 35%- de las candidaturas del partido oficialista y sus aliados ha entrado en franca crisis incontrolable que desde ya gravita negativamente sobre la candidatura de Danilo Medina y su acompañante y afectará los resultados finales.
Actualmente el PLD, a pesar de su bloque de partidos, se columpia en lucha casi pareja por las senadurías en el Distrito Nacional y La Romana, enfrentado a nada más y nada menos que candidatos de la Fuerza Nacional Progresista, y por las de Hato Mayor y Dajabón.
Curiosamente son los candidatos a diputados peledeístas los que los mantienen a flote en esos lugares. Está en desventaja senatorial en Bonao, Puerto Plata, San Pedro de Macorís, La Vega, Baní, Azua, Barahona, El Seybo, San Francisco de Macorís, Pedernales y San José de Ocoa. Y conste que tal vez me quedo corto con esas 15 provincias, porque me resisto a creer otras probables bajas senatoriales como la de Santiago Rodríguez y Sánchez Ramírez.
En cuanto a las sindicaturas el panorama podría tornarse desventajoso también en San Pedro de Macorís, Hato Mayor, San Cristóbal y otras provincias importantes.
Y conste que a pesar de que he anunciado en elecciones pasadas por quién voy a votar para presidente, a estas alturas no tengo decisión, aunque al nivel congresual sí: por Vinicio Castillo para senador del Distrito Nacional y por el escritor Manuel Núnez para diputado por la circunscripción 1.
En contrario a casi todas las predicciones de empresas encuestadoras, a la par el candidato presidencial peledeísta sigue en baja lenta pero sostenida mientras el principal de la oposición, Luis Abinader, continúa en ascenso lento pero sostenido.
Esta tendencia y el descenso senatorial auguran, casi sin lugar a dudas, una segunda vuelta, lo que podría ser alimentado por la olita en el gran Santo Domingo de votar para presidente por el cambio, lo que podría reflejarse en núcleos urbanos cercanos como San Cristóbal donde desde ya la sindicatura pareciera ganarla José Montás, un danilista desertor del PLD y hoy con el PRM.
En otras palabras, la reelección de Medina está enchivada en un lodazal proselitista imprevisto, a pesar de que él y sus acompañantes andan en yipetas 4 por 4; y de seguir y/o aumentar de hoy al martes 10 la crisis intra y extra partidaria al tiempo que continuare creciendo la tendencia al cambio me atrevería a no descartar que los resultados en primera vuelta pudieran dejar con la boca abierta a los predictores.
Así me lo acaba de insinuar también la confidencia oral de un amigo sobre el resultado de una encuesta realizada 10 días atrás ordenada a una reputada firma por dos reconocidos empresarios.
Danilo Medina ha entrado en probablemente el peor momento de su arrolladora campana y Luis Abinader en su mayor y promisorio momento. Los rostros de ambos me resultan a mí una confirmación de lo anterior.
Y conste que a pesar de que he anunciado en elecciones pasadas por quién voy a votar para presidente, a estas alturas no tengo decisión, aunque al nivel congresual sí: por Vinicio Castillo para senador del Distrito Nacional y por el escritor Manuel Núnez para diputado por la circunscripción 1.
Los lectores de esta columna saben de sobras que desde semanas atrás he advertido que la pelota es redonda pero viene en caja cuadrada, que el juego se acaba cuando termina o después de cantar el out 27… y que “cuando Lilís un lunes cayó marte”.
Y ahora agrego que nunca ha sido bueno cantar gloria antes de la misa… del gallo.
(“?Comprende?”)