Los cambios nos mueven hacia la trayectoria divina. La motivación es el combustible del cambio, la fe el factor que rige su trayectoria y la sabidurÃa lo que le añade velocidad.
Abraham estaba listo para su promoción, su identidad no estaba basada en sus posesiones ni experiencia, su cambio no serÃa detenido por lo que debÃa dejar atrás, era un hombre de avanzada, no huirÃa del trato divino, ni lo dejarÃa a medias, se acercarÃa al plan de Dios, a su promesa, al precio necesario.
Por consiguente, Abraham entregó su hijo, sus ilusiones, su futuro, su todo, en el regazo de aquel que retorna toda dádiva por partida doble. Los cambios que Dios promete, no son meros adelantos, son promociones validadas con las provisiones de su benignidad.