Mientras el patrullero de altura "Almirante Didiez Burgos", de la Armada de la República Dominicana se desplazaba por el mar Caribe hacia la cercana provincia de San Cristobal, los invitados que pretendían disfrutar del recorrido y de la belleza de la costa, "caían como moscas", uno tras otro, incluido yo.

Según los oficiales de la Armada, ese día el mar estaba "como una piscina".

Sin embargo, para esta multitud de periodistas y otros trabajadores de la prensa, no resultaba exactamente así, sobre todo, por que el navío era mecido por las aguas del mar.

Para hombres y mujeres de mar, esos balanceos no son gran cosa, pero para los invitados, la mayoría gentes de oficina y vida sedentaria, el asunto resultó grave, por lo que los mareos brotaron apenas el navío salió del puerto de San Soucí, rumbo a San Cristobal.

A seguidas, comenzaron a llegar los vómitos.

En pocos minutos, el comedor se convirtió en algo parecido a una sala de emergencias de un hospital en tiempos de crísis.

Una habitación contigua albergó a más periodistas mareados y el comedor para los oficiales fue la estrella de los salones, repleto de "turistas" convertidos en pacientes.

En estos lugares, ninguno se atrevía a levantar la cabeza para mirar el mar por las pequeñas ventanas.

Los marinos, observaban y ayudaban a todos.

Algunos, como es natural, sonreían y daban consejos para prevenir los mareos y los vómitos.

Claro está, hubo un buen puñado de periodistas con estomago de acero que resistieron y disfrutaron el viaje.

 

Entre estos, ese pequeño diablillo de Angel Rafael Féliz (Lenin); y su par Genris García.

Igual de resistentes, entre otros, fueron Ruffin, Julian Sosa, Aurelio Henríquez.

Yo mismo, resistí hasta un momento, después que grabé a todos, unos en medio de sus padecimientos y otros celebrando el momentocon bromas.

Entonces, la cabeza me dio vueltas, el estómago se revolté y ¡Zas!

Como yo erea quien grababa, no podía hacerme un "selfie".

El malestar lo superé en unos minutos y regresé a grabar.

Los demás afectados no tuvieron tan "buena suerte" y seguían allí, tendidos, abrazados a una funda plástica o a un tanque para depositar lo que les podía quedar en el estómago.

Se trató de una excursión organizada por el Instituto Para la Protección de los Periodistas, (IPPP), que contó con la siempre diligente colaboración de la Armada de la República Dominicana y sus finas atenciones.

Sin embargo, la mayoría no sabíamos que podíamos ser afectados por el balanceo del navío.

Inicialmente, la travesía estaba planificada para durar desde las 8.00 am hasta las 4.30 pm, con almuerzo incluido en alta mar.

Sin embargo,  ante la gravedad de la situación, el comandante del navío tomó la inteligente decisión de dar un giro de 180 grados cuando estaban frente al puerto de Haina y regresar al punto de partida.

Cuando la nave ingresó  al río del Ozama, como por arte de magia, todos los afectados se levantaron y rieron de buena gana.

El vídeo que acompaña esta nota les muestra una parte de esa travesía que de ser un viaje de placer, se convirtió para muchos en una historia de terror.

Es muy posible que muchos de los participantes jamás quieran montarse de nuevo en un barco, sobre todo, si este se dirige hacia mar abierto.

De todas maneras, todos están muy agradecidos con las atenciones de la Armada y sus oficiales por el trato exquisito que les dieron.

Disfruten el vídeo.