(CNN) - Cada mañana, Rick Heijnen le prepara a su hija el mismo desayuno a la misma hora con los mismos ingredientes: galletas saladas y bollos, queso y compota de manzana, mantequilla de manÃ, pan de jengibre, zumo de naranja, suero de leche, agua.
Cambiar su rutina podrÃa suponer un importante colapso. Cambiar su dieta podrÃa ser catastrófico.
Peggy Ickenroth
Suzanne Heijnen tiene el sÃndrome de Prader-Willi, una enfermedad genética que se calcula, afecta a una de cada 10.000 a 30.000 personas. Peggy Ickeneroth conoció a Suzanne hace unos años, cuando ella tenÃa 12 años, y fotografió a su familia durante un perÃodo de dos semanas, con la esperanza de aprender más acerca de la enfermedad y de cómo afecta a las personas.
Los sÃntomas de Prader-Willi pueden incluir bajo tono muscular, retrasos en el desarrollo y dificultad para controlar las emociones. Efectivamente, Suzanne tiene problemas con su columna vertebral, se cansa fácilmente y es propensa a violentos arrebatos por desaires menores.
Sin embargo, el sÃntoma más prominente de Prader-Willi es un apetito insaciable, lo que puede dar lugar a niveles peligrosos de obesidad y a cualquier cantidad de problemas de salud adicionales. Ha estado en una dieta limitada desde los dos años y sabÃa que habÃa reglas estrictas sobre lo que podÃa y no podÃa comer.
"Cuando tienes una obsesión por la comida y te gustarÃa comer todo, todo el dÃa, porque nunca te sientes satisfecha, es realmente difÃcil", le dijo a Ickenroth la madre de Suzanne, Gonny Heijnen Corstjens. "Siempre estamos conscientes del hecho de que algún dÃa ella puede comenzar a saquear el refrigerador".
Suzane venera la rutina. Se siente segura en su casa, en la escuela, en el judo... lugares donde ella sabe exactamente cómo se desarrollarán las cosas. Tiene el desarrollo intelectual y emocional de una niña de 5 años, le dijeron sus padre a Ickenroth. Ellos advirtieron que si Suzanne no se mostraba amigable con Ickenroth inmediatamente, ella probablemente nunca lo harÃa, y ciertamente no dejarÃa que Ickenroth la fotografiara.
Sin embargo, cuando se conocieron en la casa de la familia en Holanda, "ella me mostró inmediatamente su cuarto, sus juguetes favoritos, su manta favorita... como una niña pequeña", dijo Ickenroth. "Le gustaba hablar de sà misma".
Suzanne felizmente le permitió a Ickenroth que la siguiera al judo —una actividad importante para desarrollar su fuerza y mantener su peso bajo control— y mientras tocaba el violÃn. Durante años, Suzanne habÃa rogado aprender a tocar, dijo Ickenroth, y ella usa un sistema especializado en lugar de tocar con una partitura tradicional.
Los padres de Suzanne se dedican por completo al cuidado de Suzanne y su hermano, Thiemo, dijo Ickenroth. Ella fue testigo de momentos cálidos entre madre e hija mientras exploraban el vecindario en una bicicleta especializada, o mientras la madre de Suzanne la ayudaba en la ducha. La familia a menudo asistÃa a conciertos y obras, aunque salir en público siempre parecÃa ser un riesgo, especialmente a medida que Suzanne crecÃa.
De la nada, Suzanne en ocasiones empezaba a gritar o llorar, en reacción a una conversación que se habÃa llevado a cabo dÃas antes o al notar que un objeto habÃa sido trasladado de su lugar habitual. Si ella fuera una niña pequeña, nadie se sorprenderÃa, se lamentó su madre con la fotógrafa. Sin embargo, las diferencias fÃsicas de Suzanne son sutiles. Para muchas personas, ella se ve como cualquier otra adolescente.
Ickenroth dijo que no estaba segura de si debÃa fotografiar a Suzanne a color o en blanco y negro. No le tomó mucho tiempo decidirse.
"Para ella, las cosas están en blanco y negro", dijo Ickenroth. "Me pareció que la luz era lo correcto".
En la imagen favorita de Ickenroth, Suzanne se ve a sà misma en el espejo mientras su mamá le cepilla el pelo. No lleva puestos sus lentes y hay un reflejo de luz sobre su rostro. Tan solo al siguiente marco, la niña estaba de vuelta: las sonrisas traviesas, los ojos juguetones, las tiaras, las trenzas y la brillantina. Sin embargo, en ese instante de calma, Ickenroth pensó haber visto otro lado de Suzanne.
"Ese fue uno de los pocos momentos en los que sentà que realmente vi a una niña de 12 años allà adentro", dijo Ickenroth. "Ella parecÃa ser una mujer temible".
Los padres de Suzanne le dijeron a Ickenroth que ellos no saben lo que le deparará el futuro. Ahora tiene 14 años, y ellos esperan que sus problemas de salud empeoren mientras se hace mayor. No saben cómo se desarrollará, en términos emocionales o intelectuales, o dónde vivirá su vida.
"Solo queremos apreciar este tiempo que tenemos con Suzanne", son palabras que Ickenroth recuerda, "sin pensar demasiado en el futuro".
Peggy Ickenroth es una fotógrafa con sede en Dublin, Irlanda. Puedes seguirla en Tumblr.