Nota del editor: Sally Kohn es una activista, columnista y comentarista de televisión. SÃguela en Twitter en @sallykohn. Las opiniones expresadas en este artÃculo corresponden exclusivamente a su autor.
(CNN) - Desde el supermartes estoy deprimida. Es cierto, ya se veÃa venir. Pero de alguna caà en la cuenta finalmente de que un porcentaje significativo de mis compatriotas está dispuesto a votar por un protofascista generador de odio.
Esto es especialmente preocupante si se toman en cuenta los votos para el abiertamente intolerante Donald Trump y el ligeramente más sutil pero potencialmente mucho más peligroso Ted Cruz. Entonces, la matemática comienza a verse un poco demasiado como los primeros momentos del auge de Adolf Hitler en Alemania.
No se olvide: Hitler saltó primero a la fama en Alemania no por tomar el poder sino por aspirar a la presidencia. Perdió, pero el 36,8% de los alemanes votaron por él.
Ahora, gente como el comediante Louis C. K. y Glenn Beck han comparado a Trump con Hitler. Y la crÃtica se está generalizando tanto que el propio Trump se ha puesto defensiva. Cuando se le preguntó sobre cómo las fotos de sus mÃtines, con sus seguidores levantando las manos y dándole su apoyo, recuerdan a los saludos nazis, Trump se mostró indiferente.
"No quiero ofender a nadie", dijo el martes por la mañana, añadiendo que es algo que tanto él como sus seguidores hacer "por diversión".
Hay un montón de contrastes con la Alemania de posguerra. En primer lugar, a pesar de lo que puedan pensar muchos votantes conservadores, la economÃa de Estados Unidos se está recuperando, y estamos disfrutando de nuestro 71º mes consecutivo de crecimiento del empleo en el sector privado.
Pero sin duda se está difundiendo una profunda ira, sobre todo entre los votantes blancos de más edad, y Trump la está aprovechando. Lo que es preocupante es a lo que podrÃa llegar.
¿Hay suficientes estadounidenses dispuestos a votar por un candidato presidencial que ataca a los mexicanos y denigra los musulmanes a la vez que habla de golpear en la cara a los que protestan y coquetear con el KKK? SÃ, podrÃa haber.
Como judÃo-estadounidense cuya familia procede de Alemania y Rusia, no hago esta analogÃa a la ligera.
Sé muy bien lo que insinúo, al igual que Trump seguramente sabe que está alimentando deliberadamente el odio de una franja de los votantes blancos cuya desesperación y resentimiento sólo parecen crecer, a medida que su número decrece. Estos son tiempos oscuros.
Asà que le confesé todo esto a un amigo al anochecer el dÃa después del supermartes y mi oscuro sentido de premonición se asentó.
Ella me envió un mensaje que decÃa: "Siempre hay luz – nunca hay oscuridad – ¿sabÃas eso? Siempre hay luz, sólo que hay menos, pero no hay tal cosa como ausencia total de luz, la oscuridad pura". Lo cual, al parecer, es cientÃficamente cierto. La oscuridad, como la conocemos en la Tierra, no es la ausencia real de la luz sino sólo la ausencia de una luz visible o perceptible.
"Una especie de revelación", añadió mi amiga.
SÃ, asà es.
Me deprimÃa la idea de que en una época en la que nuestro paÃs sigue comprometido en la lucha para lograr la plena justicia económica y racial, una lucha con grandes progresos – desde la elección del primer presidente negro a la consecución del matrimonio igualitario y más – haya tantos estadounidenses que vean los avances de los demás como un ataque contra ellos mismos.
No soy ingenua. Yo sé que en una nación fundada e influida por la supremacÃa blanca y la misoginia, el cambio se encuentra con resistencia. La reacción que estamos viendo ahora – la que nos trajo Trump – es el resultado directo del progreso. Es el lado oscuro al otro lado de la luz que es el cambio social.
DeberÃa ver esperanza en este ataque, en que la gente reaccione contra algo. Pero en cambio, me da miedo. Y tristeza.
Y entonces me acordé de la luz.
La luz no es una vaga sensación de optimismo en el largo arco de la historia que se va contorneando hacia la justicia. La luz no es pasiva ni inevitable. Al igual que toda luz, se requiere de energÃa. Acción. La luz, por si no se habÃan dado cuenta, son mis compatriotas estadounidenses. Tú. No lo digo en un sentido de plural abstracto. ¡Me refiero a ti! El individuo, real, que está leyendo esto. Tú eres la salvación de nuestro paÃs. La esperanza de nuestra nación.
Terminó el tiempo de preocuparse y balancearse hacia adelante y hacia atrás en posición fetal.
Esto no es un simulacro, Estados Unidos. Donald Trump – o peor, Ted Cruz – podrÃan llegar a ser presidentes de nuestra nación. Aunque tengo miedo de lo que harÃan en el poder, me asusta más lo que sus seguidores harÃan si se sintieran poderosos.
Ha habido demasiados casos de seguidores de Trump que utilizan la palabra-n (insulto despectivo hacia los negros) y se burlan de manifestantes negros, o golpean a las personas sin hogar, o amenazan a los musulmanes.
¿Se imaginan lo que harÃan si se sintieran envalentonados y amparados por la presidencia?
Hemos visto suficiente odio en este paÃs en contra de nuestro actual presidente, no por lo que él representa, sino simplemente por lo que es. ImagÃnate cómo podrÃan empeorar las cosas con un presidente que fomenta tal odio o simplemente mira hacia otro lado.
El enemigo del bien es el silencio. Sabemos por la historia que los demagogos y los regÃmenes genocidas han prosperado no necesariamente porque tenÃan apoyo de la mayorÃa, sino porque la mayorÃa se quedó en silencio mientras se gestaban las injusticias.
En los últimos dÃas, muchos estadounidenses de bien me han dicho que no están preocupados por las elecciones porque Donald Trump no puede ganar. Pues déjame decirte que puede suceder cualquier cosa en una elección. Pero la mejor manera de que Trump o Cruz lleguen a la presidencia es que aquellos de nosotros que se oponen a ellos asumamos que no lo lograrán y, a través de nuestra pasividad, permitamos que suceda.
Es hora de despertar, Estados Unidos. Es tiempo de gritar a los cuatro vientos. Es hora de prender una luz gigante sobre el cambio social y el progreso y defenderlo con cada fibra de nuestro ser. Y no me refiero sólo a quejarse de Trump con tus amigos en las fiestas o publicar un hashtag en las redes sociales. Me refiero a utilizar tu mente, tu cuerpo y tu voz para oponerte a la injusticia y luchar la igualdad.
¿Cómo se hace eso? Negándose a estereotipar a los musulmanes y rechazarlo cuando otros lo hagan a tu alrededor. Defendiendo no lo que se critica como corrección polÃtica, sino haciendo lo que es correcto – la simple idea de tratar a todos con respeto. Siendo testigo e incluso asumiendo el riesgo de intervenir contra el acoso y brutalidad policial contra las minorÃas. Defendiendo la idea de que en Estados Unidos, a todos nos va mejor cuando a todos nos va mejor.
Aunque el 63% de los alemanes no votó por Hitler la primera vez, muchos terminaron dejándose llevar. Y muchos, sin duda, querÃan oponerse, luchar, pero para entonces ya era demasiado tarde.
No es demasiado tarde para salvar a Estados Unidos del odio oscuro y canceroso creciente en las venas de estos votantes enojados y sus lÃderes. No es demasiado tarde para proteger nuestros principios y defender el progreso que hemos logrado y seguir luchando.
La historia nos enseña a no ser complacientes. Y mi amigo me enseñó que incluso en el más oscuro de los momentos, la luz persiste. No puede haber oscuridad,sin luz. No puede haber Estados Unidos sin la buena gente que defiende sus ideales, que luchan para seguir haciendo de nuestro paÃs un mejor en lugar de dejar que calen el odio y la división.
Es hora de despertar. Y ponerse de pie. Y hacer algo. Con todo. Esto no es un simulacro. El futuro de nuestra unión está en juego.