Miriam Gwynne es una madre escocesa con dos hijos, Naomi e Isaac, de 5 años. La vida no siempre es fácil para ella, porque los dos niños son autistas. Miriam estaba especialmente nerviosa cuando Naomi fue al colegio por primera vez. ¿Se adaptaría su hija al colegio? ¿Se reirían de ella?

Sin embargo, en la escuela no pasó nada de lo que temía Miriam. Al final del día, la madre recibió una llamada de la profesora de su hija. Esta quería contarle cómo se había portado Naomi en clase. Miriam no podía creer lo que oyó. 

“Como toda madre, el primer día de escuela de mi hija me daba terror. Incluso mientras le ponía su uniforme, me preguntaba si un colegio normal era lo mejor para ella.

Yo tenía más que suficientes razones para preocuparme, porque en ese primer día de colegio aún no podía vestirse sola ni controlar sus esfínteres.  Diagnosticada de autismo y mutismo selectivo, y pese a haber asistido a la guardería un año más de lo normal, aún era uno de los niños más pequeños.

Además de todo eso, ella lleva un enorme peso sobre la espalda a la tierna edad de 5 años.

A menudo me pregunto si los profesionales se dan cuenta del tremendo peso que llevan los hermanos a diario en sus espaldas.

Además de su propio diagnóstico, mi preciosa niña de ojos azules es la hermana gemela de un niño con necesidades aún más complejas.  Él tiene tumores, autismo grave, problemas de conducta, retraso global y no habla. Ella tiene que vivir con eso con solo 5 años.

¿Cómo lograría superar el hecho de que la escuela de él estaba a 22 km de la suya? ¿Cómo podrían saber qué necesitaba si no podía hablar? ¿Su ansiedad, vulnerabilidad y pequeño tamaño la harían un blanco fácil de burlas? ¿Sería el estrés de su vida un impedimento para su aprendizaje?

Para mí era una preocupación y me hacía muchas preguntas.

Pero durante su primera semana de escuela, algo cambió. Y un día la asistente de la profesora me dijo que mi especial, frágil y callada niña había cambiado la clase al completo sin decir una palabra.

Resulta que había otros dos niños en clase que también estaban callados, pero por una razón muy diferente, y es que no hablaban el idioma. Para que la asistente de la profesora pudiera ayudarlos mejor, esta sentó a los 3 niños juntos. Pero ninguno de los profesores hablaba ruso y todos intentaban hacer lo posible para que estos niños se sintieran incluidos en la clase general.

Mientras explicaba la lección, los niños se sentaron en el suelo. Mi pequeña se sentó y escuchó con atención; luego, volvió a su pupitre. Entonces la asistente pidió a todos hacer un dibujo y poner sus nombres en la parte superior. Mientras que todos los niños iban a por lápices y colores, Naomi se quedó sentada. Observó a la asistente hacer todo lo posible por explicar a los otros dos niños lo que tenían que hacer.

Mientras la asistente se distrajo con otro niño, Naomi se levantó y fue hacia los dos niños.  Entonces tomó la jarra de agua y la puso junto a ellos. En silencio tomó a los dos niños de la mano, señaló sus nombres y luego a la parte superior del papel. Entonces tomó un lápiz de color y empezó a colorear su papel y a señalar lo que otros hacían.

Naomi esperó a que se intentaran comunicar sin hablar y lentamente empezaron a escribir sus nombres y a dibujar. Entonces los miró y sonrió. Y solo entonces volvió a su pupitre y empezó a dibujar.

La asistente de la profesora empezó a llorar. La profesora lo observaba todo.

La niña que menos esperaban les había dado a todos una lección ese día. La niña diagnosticada con problemas de comunicación les había enseñado a todos a comunicarse.

Aún no sabe ni una palabra de ruso. Pero vivir con un hermano que no habla y con necesidades complejas le había enseñado algo que dio un giro a su clase sin decir una palabra: ella no necesita palabras para comunicarse.

Aún me preocupo. Pero sé que, a pesar de todo, ella logra convertir lo difícil en algo bonito. No podría estar más orgullosa de ella”.

Más de 200.000 personas se sintieron conmovidas por el precioso gesto de esta pequeña niña con autismo. Esto demuestra que la vida es más que un diagnóstico, y que sí que puede comprender y comunicarse con otros.  

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