BETTENDORF, Iowa, EE.UU. Mientras muchos de sus rivales en la puja por la candidatura republicana a la presidencia se enfocan en los primeros estados donde habrá primarias, Marco Rubio apuesta a una estrategia nacional, llamada a dar resultados a largo plazo y no en las consultas iniciales de febrero.
Se juega a que los republicanos al final de cuentan se unirán detrás suyo en unas primarias que duran meses. Es una estrategia muy riesgosa para Rubio, quien todavía no ha logrado desprenderse del pelotón de candidatos que tratan de ser alternativas a Donald Trump y Ted Cruz, los favoritos de las encuestas de Iowa a menos de dos semanas de esa primera consulta.
La estrategia de Rubio va mucho más allá de las cuatro votaciones de febrero, en Iowa, New Hampshire, South Carolina y Nevada. En los últimos días Rubio se ha presentado como un ferviente conservador evangélico, firme en torno a la seguridad nacional, que se solidariza con los inmigrantes que están en el país ilegalmente y alguien que puede captar el voto de los jóvenes.
“No podré caerle bien a todos en todos los temas”, declaró Rubio a la Associated Press el lunes. “Pero quiero conseguir suficientes delegados como para ser elegido” ahora que la repartición es proporcional al voto.
Esa fue la imagen que transmitió esta semana al hacer campaña en Iowa, antes de dirigirse a New Hampshire, donde espera despegarse del grupo de precandidatos que se ofrecen como alternativa a Cruz y Trump.