(CNN) - Era la última oportunidad de salir. A tempranas horas del 17 de enero de 1991 mis colegas de CNN y yo estábamos juntos en nuestra oficina en el noveno piso del Hotel Al Rasheed tratando de decidir si nos quedábamos o salÃamos antes de que Estados Unidos y sus aliados desataran su ataque en Iraq.
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Estábamos allà para informar sobre la guerra pero al mismo tiempo era una perspectiva de terror. Nos despertábamos en la mañana sintiéndonos valientes, nos asustábamos para la hora del almuerzo y en la noche, tomábamos un trago para fortalecernos y levantarnos la moral.
HabÃa sido un perÃodo de seis meses el que nos llevó a este momento. Una montaña rusa que inició con la invasión iraquà en Kuwait a principios de agosto del año anterior... la emoción de estar en las noticias importantes todos los dÃas. Los altibajos diplomáticos de los esfuerzos en un acuerdo negociado. El ir y venir de los ataques verbales entre los estadounidenses, sus aliados y el régimen de Saddam Hussein. La acumulación de armamento, fuerzas y poder militar en la región. El temor que sentÃan los rehenes extranjeros cautivos en Iraq, o los "escudos humanos", como Saddam los llamaba. El temor que los iraquÃes soportaban, pero del cual tenÃan miedo de hablar, o serÃan castigados.
Una foto tomada el 16 de febrero de 1991 muestra a trabajadores civiles de defensa iraquÃes y a civiles que veÃan el daño cerca de una iglesia cristiana, ocasionado por una redada de bombardeos por parte de los aliados en Bagdad.
Y la constante amenaza de guerra.
La madre de todas las batallas
Pero habÃa llegado el momento. El presidente George H.W. Bush acababa de salir por la televisión estadounidense anunciando el inicio de la guerra, la campaña aérea contra "objetivos militares en Iraq", cuyo nombre en clave era Operación Tormenta del Desierto.
Saddam dijo que era "la madre de todas las batallas".
¿Cuánto tiempo tenÃamos los periodistas para comprometernos a quedarnos o irnos antes de que empezara el tan esperado e intenso bombardeo? Nada. Tomaron esa decisión por nosotros. Los bombarderos y misiles se dirigÃan a Bagdad.
Los aullidos y ladridos de los perros interrumpÃan la tensa quietud de esa noche en Bagdad, y nuestra discusión respecto a irnos o quedarnos habÃa terminado. En algún lugar habÃa leÃdo que los animales pueden escuchar cosas antes que los humanos, y alertarnos de que hay peligro. Los perros avisaban del inminente bombardeo. En cuestión de minutos, empezaron a sonar las sirenas de las redadas aéreas, seguido por el estruendo de explosiones, un espectáculo de luces sobrenatural ocasionado por la artillerÃa que explotaba y por los iraquÃes que iluminaban el cielo con misiles anti aviones.
Un relato de dos guerras
"¡Carajo", era el improperio más inocente que se escuchaba en los pasillos del hotel, a medida que los periodistas se reunÃan, algunos para ver lo que estaba sucediendo, otros para huir a refugiarse. La mayorÃa de nosotros instintivamente hicimos lo que habÃamos llegado a hacer: informar sobre la guerra. La adrenalina reemplazó cualquier pensamiento que podrÃamos haber tenido en relación a que podrÃamos ser usados como escudos humanos por el régimen de Saddam.
Nada era fácil
Nos habÃamos preparado para este momento durante meses, pero nada era fácil en el Iraq de Saddam. El equipo de transmisión por satélite no estaba permitido en el estado altamente controlado, reservado y autoritario. Los espÃas de Saddam estaban en todas partes: era casi imposible ingresar algo a escondidas al paÃs, especialmente algo tan grande como una antena parabólica.
Los iraquÃs dijeron que todos los periodistas tendrÃan que depender de llenar informes de agencias estatales de televisión iraquÃes. Por supuesto, todos sabÃamos que Iraqi TV era uno de los principales objetivos; en cualquier guerra, quieres paralizar las capacidades de comunicación de tu enemigo. Supusimos que las llamadas internacionales, las cuales siempre tenÃan que ser reservadas con anticipación para que un censor pudiera monitorear las conversaciones no serÃan confiables; ¿sin duda el intercambio telefónico tendrÃa que ser un objetivo prioritario?
Entonces, con meses de anticipación, nos dispusimos a trabajar en instalar un 4 WIRE, una simple pieza de equipo —en esencia dos lÃneas telefónicas paralelas y abiertas— una en cada dirección.
Los manifestantes gritan consignas en contra de Estados Unidos cerca de la embajada de dicho paÃs en Amán, Jordania, el 14 de febrero de 1991, durante una manifestación en contra de los bombardeos de los aliados en un refugio subterráneo en Bagdad el 13 de febrero.
Como mÃnimo, permitirÃa la comunicación en todo tiempo entre nuestra oficina en Bagdad y las oficinas centrales de CNN en Estados Unidos. El detalle era que tenÃamos que lograr que los iraquÃes lo permitieran. Fueron necesarias semanas de interminables negociaciones, congraciarlos y persuadirlos para que los iraquÃes accedieran.
Al final, accedieron. Probablemente fue asà porque creÃan que serÃa beneficioso para ellos escuchar todas nuestras conversaciones; los iraquÃes realmente pensaban que nosotros sabÃamos más de lo que sabÃamos en realidad, y esperaban conocer qué era lo que el gobierno de Bush estaba pensando y planificando.
La ventaja de CNN es que éramos la única cadena de noticias vÃa satélite 24 horas, y que el liderazgo iraquà nos observaba. Ellos pensaban que éramos indispensables para transmitir su punto de vista al mundo, y especialmente a las Américas. Al igual que cualquier otro gobierno, consideraban que los medios eran clave... independientemente si lo llamas información o propaganda.
CNN hace historia
"Algo está ocurriendo afuera... los cielos de Bagdad han sido iluminados", entonó con urgencia el presentador de CNN, Bernie Shaw, por el 4 WIRE. Nuestra transmisión en vivo de audio empezó mientras veÃamos cómo objetivos eran atacados desde nuestras ventanas en el noveno piso.
El edificio de intercambio telefónico era uno de ellos. Ese fue el final de que los periodistas trasladaran sus informes por teléfono. Sin embargo, nuestro 4 WIRE pasaba por alto el intercambio telefónico normal, y nosotros pudimos dar un recuento detallado de la primera noche de la guerra.
Habitantes de Samawah, a 280 kilómetros al sur de Bagdad, aparecen en imágenes utilizando pequeños botes para cruzar el rÃo Éufrates el 17 de febrero de 1991, cuando tres puentes al centro de la ciudad fueron destruidos en las redadas aéreas por parte de los aliados en Iraq.
Nosotros fuimos los únicos periodistas capaces de informar al respecto. De lo que no me di cuenta en ese momento es que este era un golpe global. Organizaciones de noticias alrededor del mundo utilizaron la información en vivo que CNN transmitió la primera noche de la guerra del Golfo; esa noche hizo historia en la televisión y catapultó a CNN a la importancia permanente en las noticias. A partir de ese momento, la cobertura de noticias en vivo era lo que las audiencias exigÃan, y las organizaciones de noticias se esforzaron por darles lo que pedÃan.
Este fue el primer conflicto importante que cubrÃ, y me enseñó mucho. La lección más importante no fue que el arduo trabajo trae buenos resultados, sino que nosotros como periodistas somos privilegiados. Tenemos la opción ya sea de informar desde zonas de conflicto o no, pero los civiles como los iraquÃes con los que trabajábamos y quienes nos ayudaron a lograr nuestras metas, no la tenÃan.
Ellos soportan, sufren y con suerte sobreviven a las guerras sin tener la opción de irse o quedarse.