(CNN) - ¿Que sucedió con el vendedor de bolÃgrafos de Beirut? – CNN.com
"HabÃan buscado durante dÃas al vendedor de bolÃgrafos de Beirut". Ahora, los activistas estaban de pie en la entrada del lúgubre apartamento de Abdul Halim al-Attar.
Decenas de miles de dólares han sido recaudados en lÃnea para ayudarte, le dijeron alegremente al desamparado refugiado sirio. Una imagen tuya ha sido difundida en la red, le explicaron mientras le mostraban una foto de él mismo.
Abdul estaba desconsolado.
"Es aquà cuando me alteré y empecé a preguntar '¿por qué habrÃan de filmarme? ¿Por qué me harÃan esto?'", recordó Abdul, el nombre preferido de al-Attar.
Una foto de Abdul mientras vendÃa bolÃgrafos en la calle con su hija acurrucada en su hombro hizo que la historia del hombre de 33 años llamara la atención del mundo.
La expresión del rostro de Abdul en la imagen es lo que más cautivó a los usuarios de redes sociales; luce desesperado, a punto de romper en llanto, como si esos bolÃgrafos azules de plástico fueran todo lo que tiene en el mundo.
Pero para Abdul, la foto le quitó lo último que tenÃa: su dignidad.
"Fue muy deprimente. No vivÃamos asà en Siria", explicó Abdul. ¿Cómo podrÃa simplemente llevar a mi hija por la calle asÃ? En lugar de enviarla a la escuela para aprender y tener una buena educación, ¿la iba a llevar al trabajo asà conmigo? Me sentà devastado cuando vi esta foto".
Abdul luego les hizo a las personas con buenas intenciones en su casa la pregunta que quizá todo refugiado ha hecho en algún punto en su miserable huida de la guerra: "¿Por qué habrÃa el mundo de preocuparse por mÃ?"
Otro refugiado más
Abdul tenÃa razón. ¿Por qué habrÃa el mundo occidental de preocuparse por otro refugiado sirio?
Ahora hay más de 4 millones de refugiados registrados que languidecen en campos improvisados, llegan a las costas de Grecia en botes de goma y se arrastran bajo las cercas de alambre de púas construidas para impedir que ingresen a Europa Occidental. Una escasez de financiamiento de más del 40% en 2015 obligó a la ONU a reducir la asistencia alimenticia y otras formas de ayuda a cientos de miles de familias vulnerables.
La historia del padre de dos niños simplemente era una tragedia más.
Abdul dice que él huyó de fuertes enfrentamientos entre los rebeldes y el ejército sirio en el campo de Yarmouk, un barrio cerca de Damasco, en 2012.
"Los cohetes caÃan sobre nosotros y no sabÃamos de dónde venÃan", dijo Abdul. "Me asusté por mi hija pequeña. Cuando ella escuchaba un avión se sentÃa aterrorizada. Encontré que no habÃa otra solución más que salir del campo".
El padre soltero, quien se dedicaba a hacer chocolates en una fábrica de dulces en Damasco, tuvo dificultades para encontrar trabajo en Beirut, la capital del LÃbano, una ciudad llena de refugiados como él, desesperados por sacar adelante a sus familias.
"Mi hija pequeña... no podÃa dejarla sola. Traté de solicitar empleo en varios lugares, pero no aceptaban que mi hija me acompañara", dijo Abdul. "Entonces la única salida fue vender bolÃgrafos".
Al venderle bolÃgrafos a estudiantes y profesionales en el centro de Beirut ganaba un par de dólares al dÃa, en el mejor de los casos. Aunque la fotografÃa reveló un singular momento de profunda tristeza, a Abdul lo conocÃan por siempre sonreÃr mientras cargaba a su hija, Reem, por el centro de Beirut durante horas. Incluso cuando no podÃa enviar a su hijo de 9 años a la escuela, el mercader mantenÃa su sonrisa.
"Las personas me preguntaban '¿por qué sonrÃes?' Y yo les decÃa '¿qué quieren que haga? ¿Quieren que llore? Dios me dio esta sonrisa'", dijo Abdul.
Al igual que los niños refugiados que venden flores y los mendigos paralizados que se ven todos los dÃas en las calles de la capital del LÃbano, el vendedor de bolÃgrafos de Beirut se convirtió en un elemento conocido, hasta que un extraño le tomó una foto.
"No tenÃa idea de que me hubieran tomado una foto", dijo Abdul. "Me sorprendió al ver personas que se me acercaban, y tenÃan mi foto en sus celulares. Les preguntaba '¿qué quieren?'"
Lo que querÃan era darle a la historia de Abdul un final de cuento de hadas.
Rescate por medio de las redes sociales
Cuando la foto amateur de un refugiado sirio desencadenó una campaña viral y una búsqueda internacional para encontrar a Abdul, trabajadores de asistencia y periodistas se empezaron a movilizar.
¿Cuál era la diferencia acerca de este llamado a la acción en los artÃculos de noticias y las solicitudes de asistencia respecto a los refugiados sirios que se comparten en lÃnea todos los dÃas? ¿Era la postura lamentable de Abdul? ¿Eran los pequeños pantalones cortos de Reem? ¿Eran los bolÃgrafos azules?
Abdul cree que conoce la respuesta.
"Fue Reem", dijo Abdul. "La forma en la que se ve mientras duerme sobre mi hombro. Su rostro. Se ve tan inocente".
Independientemente de qué efecto tuvo en la humanidad de las personas, la historia de Abdul tocó una fibra sensible en Internet.
Gissur Simonarson, un activista de Oslo, Noruega, y Carol Malouf, una periodista libanesa, lanzaron una página de 'crowdfunding' en la que instaban a los usuarios a recaudar 5.000 dólares para esta familia de tres que estaba en una situación difÃcil.
En cuestión de 30 minutos, la campaña #BuyPens llegó a su meta. En 24 horas, habÃan recaudado casi 80.000 dólares. Y al final, más de 190.000 dólares fueron donados de todas partes del mundo para Abdul.
Pero la historia no termina ahÃ: el ingenioso sirio rápidamente se puso a trabajar, prometiendo ayudar a otros refugiados. Ahora, solo cuatro meses después, ha abierto dos restaurantes en Beirut que emplean a otros 24 refugiados. Él dice que también le ha enviado dinero a sus familiares en Yarmouk, quienes también han abierto negocios para ayudar a sus comunidades locales.
"Esta fotografÃa ha tenido un impacto tan grande...", dijo Abdul. "Ahora estoy tan agradecido por las personas que hicieron esta campaña porque mis hijos están recibiendo una educación y están en un lugar mejor. Ahora tenemos una casa agradable donde todo está ordenado y limpio.
Abdul ha recuperado su dignidad. Ahora es el héroe de su propia historia y de la historia de docenas de personas más a quienes ayudó con decidida amabilidad.
Este es el momento, dice, para que el mundo le dé a millones de refugiados como él la autonomÃa de escribir sus propias historias, de recuperar la dignidad que perdieron en su viaje deshumanizante desde el conflicto hasta la seguridad.
"Yo no era un rebelde. No era un combatiente en un auto", dijo Abdul. "Era simplemente un vendedor de bolÃgrafos, y todo el mundo me vio".