Alrededor del siglo diecinueve se dio forma a la celebración de la Navidad tal como la conocemos hoy en día.
A los nacimientos y villancicos que ya la acompañaban, se agregaron el intercambio de regalos, la imagen de Santa Claus y el árbol de Navidad.
Desde la antigüedad, los árboles que permanecían verdes durante el invierno tenían un significado especial, y el día del solsticio de invierno, entre el 21 y el 22 de diciembre, que es el día con menos horas de luz del año en el hemisferio norte, marcaba el inicio del camino hacia la primavera. Desde esos orígenes remotos anteriores al cristianismo se puede rastrear lo que hoy se ha transformado en un componente básico de la conmemoración navideña.
En el siglo diecinueve la tradición llega a Inglaterra y de allí se difunde por todo el mundo, que entonces era en gran parte un mundo dominado por el Imperio Colonial Británico. Parece ser que la esposa del rey Jorge III fue la primera en poner un árbol para celebrar la Navidad en Diciembre de 1800, aunque generalmente se acepta que fue el esposo alemán de la Reina Victoria de Inglaterra el primero en establecer esa tradición en 1840.
Por esa época el Imperio se extendía desde las Islas Malvinas hasta Hong Kong, desde África hasta Australia y Nueva Zelandia, desde la India hasta Malta.
Mientras las familias se reunían alrededor del árbol de Navidad, el Imperio Colonial Británico se mantenía a sangre y fuego, usando mano de obra esclava, imponiendo el tráfico de opio, extrayendo recursos de la manera más brutal y destruyendo el medio ambiente. No podemos entender lo que ocurre hoy en día con el desastre medioambiental sin revisar la historia, y una gran responsabilidad de este proceso recae en el Imperio Británico. La contradicción entre la imagen de paz y esperanza que trae la Navidad y cómo uno de sus símbolos fue difundido por quienes practicaban todo lo contrario es impactante.
Un ejemplo del expolio al medio ambiente realizado en América, lo representa el accionar de la empresa británica The Forestal Land, Timber and Railways Company Limited popularmente conocida como “La Forestal”, en Argentina, donde explotó sin medida ni control los bosques de Schinopsis balansae, un magnífico árbol, conocido como “quebracho colorado” con el fin de extraer tanino, que era usado en el curtido de pieles. Para tener mano de obra barata los trabajadores de “La Forestal” vivían en un régimen de esclavitud.
Todo lo contrario del espíritu que se asocia al árbol de Navidad. Con variantes, esa contradicción sigue vigente hoy en día, con el árbol rodeado de objetos de consumo que fueron producidos explotando al medio ambiente y a las personas. ¿Hasta cuándo?