EL PERIODISTA ESPAÑOL ES SIN DUDA UN REFERENTE A LA HORA DE EJERCER DE BUENA MANERA EL OFICIO.
Carlos Serrano/ Fundación Gabriel GarcÃa Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).
Miguel Ãngel Bastenier, español y colombiano, es una máquina de hacer periodismo. Ha dedicado toda su vida a ejercer y enseñar el oficio guiado por dos premisas que se hacen evidentes con solo escucharlo: precisión y respeto por la lengua castellana.
Habla fuerte, teclea duro en el computador y su carácter recio y pragmático le ha valido que GarcÃa Márquez lo defina como “un bruto inteligenteâ€. Incluso tiene fama de gruñón, lo cual no le disgusta del todo “porque el periodismo y su enseñanza no son tareas para señoritingos ni eruditos a la violetaâ€.
En esta entrevista, que ha sido autorizada oficialmente para que OH! la reproduzca, Bastenier nos pone al dÃa con su visión del oficio, y comparte varias de las reflexiones en las que basa su taller.
OH! En los últimos años se han visto cambios, crisis y renovaciones en la forma de hacer periodismo. Personalmente, ¿cómo ha vivido esas transformaciones?
El periodismo está en una evolución/revolución. Intacto queda lo que valÃa para el impreso y sigue valiendo para el digital. Apasionada curiosidad, familiaridad de lÃquido amniótico con la lengua castellana, velocidad de pensamiento y elaboración, capacidad de ver el ‘ángulo’ de las cosas, idiomas, literatura, historia, cutis encallecido, y un estómago a prueba de gastronomÃas varias. Yo trato de adquirir la capacidad no solo de representar una historia con la palabra escrita, sino la de verla en lo audiovisual, interactivo y metalenguaje textual. Yo no trabajaré nunca como reportero multiuso, porque ya no tengo la edad, pero me entreno como editor multimedia que es no ya a donde vamos, sino donde ya estamos instalados. En particular, estoy trabajando junto con mi amigo Alex Grijelmo en desarrollar lo que llamamos una nueva ‘narrativa digital’, de todo lo que hablaré en el curso de Cartagena.
OH! El idioma, la herramienta básica del periodista, se está transformando velozmente: la tecnologÃa inculca cada vez más anglicismos, las herramientas como Twitter exigen nuevas construcciones gramaticales, los hipervÃnculos de los textos publicados en internet crean una nueva forma de escribir...¿Cómo puede el periodista adaptarse al cambio sin maltratar su herramienta de trabajo?
Todo esto hay que tenerlo muy claro. Cuando se inventa fuera de nuestra cultura un término que designa algo a lo que no le habÃamos puesto nombre porque lo desconocÃamos (chip, chat, etc.) no tengo ningún problema en incorporar esos términos al uso corriente y periodÃstico. Es parecido a lo que le digo a mis alumnos latinoamericanos el primer dÃa de clase: vuestros modismos valen tanto como los mÃos, y jamás pretenderé hipnotizaros para que escribáis en español peninsular, sino que debéis mantener vuestra visión del mundo que se expresa primero que todo por el lenguaje. Pero fuera de eso, que no es tanto, está la RAE, el canon sin el cual el español se convertirÃa en un santiamén en una docena o más de lenguas distintas. Y eso no hay que permitirlo, por el interés de todos los hablantes de nuestra formidable y extraordinaria lengua. Mi verdadera nacionalidad es lingüÃstica: el español o lengua castellana.
OH! Para Usted es muy clara la diferencia entre un "periodista" y un "escritor de periódicos". ¿Qué consecuencias trae para el oficio un contexto en el que los medios contratan cada vez menos reporteros de planta, es decir, en el que hay cada vez menos periodistas y más escritores de periódicos?
El periodista entiende dimensiones de página, de jerarquÃa de noticias, de layout para el papel y la web; piensa periódicos, además de escribir en los mismos, opinión o información. El escritor de periódicos, en cambio, escribe artÃculos, normalmente de opinión, y mucho más excepcionalmente de análisis, que sin ser periodismo en estado puro se aproxima mucho más al trabajo del periodista que lo anterior, porque relaciona su texto interpretativo pero no directamente opinativo con la información diaria, mientras que el opinador escribe sin estar sujeto a ninguna exigencia profesional. El escritor de periódicos puede ser, por supuesto, también periodista (si Dios quiere, yo lo soy) pero son dos cosas distintas, ni mejor ni peor la una que la otra. El escritor de periódicos no tiene por qué entender de periodismo. El periodista, tenga dotes para la enseñanza o no, claro que ha de entender.
OH! En América Latina se habla de un "boom de la crónica" y del periodismo narrativo. ¿Cuál es su visión sobre ese género?
El reportaje es, efectivamente, quizá junto con las entrevistas de gran calado, el nivel máximo de realización periodÃstica personal. Es el reportero en el lugar en el que pasan o han pasado las cosas. Es Ignacio Cembrero de El PaÃs, entrando en los campos palestinos de Sabra y Chatila, LÃbano septiembre de 1982, a las 48 horas de que un señor de la guerra cristiano, Eli Hobeika, hubiera causado mayor mortandad en el menor espacio fÃsico que se recuerda, entre 1.500 y 3.000 muertos, mujeres, niños, embarazadas con el feto colgando y asÃ. Eso es lo que yo llamo en uno de mis libros el Blanco Móvil, aquello para lo que no se te avisa o más bien tratan, todo lo contrario, de que no te enteres de que ha sucedido. El reportaje es el vehÃculo natural de la agenda propia, y si hay alguna posibilidad de que el periodismo, más o menos como lo conocemos, sobreviva, es por ahÃ, cazando el Blanco Móvil.
OH! Da la sensación de que el mundo es cada vez más complejo y que se le escapa de las manos al periodismo, es decir, el periodismo se queda corto al intentar narrarlo y explicarlo. ¿De qué sirve el periodismo en un mundo que le queda grande?
El mundo siempre le ha venido grande al periodismo pero no lo sabÃamos. Antes el mundo era como la prensa lo describÃa por falta de otros medios de darlo a conocer. Hoy sabemos, en cambio, que no es asÃ, y la ironÃa es que en el desbordamiento de la comunicación/información se forma una cacofonÃa en la que el receptor medio se ve a menudo incapaz de discernir entre la algarabÃa, de distinguir el grano de la paja. Pero es incluso bueno que sea asà porque ¡qué puede haber más noble e intenso que cargar contra los gigantes en lugar de aplastar una hormiga! En inglés se dice muy gráficamente “to go down fighting†(caer luchando) y en francés el general Cambronne en Waterloo lo tradujo como: “La Garde meurt mais elle ne se rend pas! (¡La guardia muere pero no se rinde!) El periodismo no puede alcanzar nunca lo absoluto, pero no puede haber (para mÃ) mejor ocupación terrenal que intentarlo.
OH! En Twitter (@MABastenier) ya se acerca a los once mil seguidores. ¿Qué le gusta y qué no de esta herramienta?
Tiene varias utilidades. Comprobar lo grosero e ignorante que es parte del género humano, principalmente cuando se mueve en el anonimato (lo que ya sabÃa, pero no me imaginaba que tanto); disfrutar de una especie de red de alerta sobre qué es lo que parece interesar más al público de varios continentes; y last but not least leerme por la mañana una docena o más de artÃculos que los grandes medios de comunicación cuelgan en Twitter, con lo que me ahorro buscarlo en los periódicos, papel o digital, donde hayan aparecido. Y, de paso, os diré que tengo más seguidores colombianos que españoles, y si sumamos todos los latinoamericanos, muchos más.
OH! ¿Qué es lo que más le gusta de los talleres que cada año dicta en distintas partes del mundo? ¿Qué aprende Usted en esos talleres?
OÃr a los alumnos. Opinar, debatir, disentir, crearme dificultades a las que tengo que dar respuesta, y aprendo de todos ellos mucho más de lo que puedan creer, del periodismo de su paÃs. Sin las clases de Cartagena creo sinceramente que tendrÃa mucho menos ‘feeling’, intuición, sobre lo que es América Latina.
"El mundo siempre le ha venido grande al periodismo pero no lo sabÃamos. Antes el mundo era como la prensa lo describÃa por falta de otros medios de darlo a conocer"