Nota del editor:Â Dilma Rousseff es la presidenta de Brasil. Las opiniones expresadas son suyas.
(CNN) – Setenta años después de su fundación, la Organización de las Naciones Unidas enfrenta retos sin precedentes. A medida que la organización se prepara para celebrar su aniversario la próxima semana, está más claro que nunca que la seguridad colectiva y el mantenimiento de la paz —papeles que la ONU ha desempeñado desde sus inicios— ahora están siendo amenazados por intensos conflictos locales y por la barbarie terrorista.
Mientras tanto, la agitación continua de la crisis económica, desde 2008, ha dado lugar a un aumento en los niveles de desigualdad y exclusión social, incluso cuando el mundo se enfrenta al doble desafÃo del cambio climático y la degradación ambiental.
Todos estos problemas requieren de una respuesta global y coordinada y de algunos nuevos enfoques a los nuevos retos que enfrentamos. Pero si bien Brasil está decidido y dispuesto a cumplir con sus responsabilidades para ayudar a promover un mundo de paz, progreso, inclusión y sostenibilidad, debe hacerlo en cooperación con la comunidad internacional, y especialmente con las Naciones Unidas.
En 1945, la comunidad internacional se reunió para la Conferencia de San Francisco en torno a la idea de construir un mundo cimentado en el derecho internacional y en la resolución pacÃfica de los conflictos. La Organización de las Naciones Unidas, que al principio estaba compuesta por 51 estados, ahora consta de 193 miembros. Y, a medida que su número de miembros ha aumentado, también lo ha hecho su agenda, la cual ahora incluye al medio ambiente, la erradicación de la pobreza, el desarrollo social y los derechos humanos, entre ellos la lucha contra la discriminación por motivos de sexo, raza u orientación sexual.
Durante siete décadas, ha visto avances y retrocesos a medida que ha buscado el cumplimiento de esta agenda. Desafortunadamente, los esfuerzos para respaldar estos esfuerzos por medio de una paz y seguridad colectiva han resultado ser ineficientes. De hecho, ahora son obsoletos, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no ha podido cumplir con el desafÃo de sus responsabilidades; asÃ, ha fracasado en reflejar el equilibrio de poder que permanece en un mundo muy distinto a lo que era en 1945.
Por lo tanto, es necesaria la reforma al Consejo de Seguridad. Pero no simplemente porque es una forma de promover la democracia y la legitimidad; es indispensable para cumplir los objetivos principales de la Carta de la ONU.
Uno de los mayores desafÃos que enfrenta la comunidad internacional hoy en dÃa es el alto número de refugiados que intentan cruzar el Mediterráneo y se trasladan por las carreteras de Europa desde Oriente Medio y el Norte de Ãfrica, donde los estados han sido desestabilizados debido a la acción militar que socava el derecho internacional y alimenta el terrorismo.
Sin embargo, en un mundo donde los bienes, el capital, la información y las ideas fluyen libremente, es absurdo tratar de impedir la libre migración de seres humanos. Como lo ha demostrado mi paÃs a través de su historia, las diferencias pueden coexistir lado a lado; Brasil es un paÃs multiétnico que recibe a todos los que buscan refugio. Incluso durante tiempos difÃciles, hemos recibido con los brazos abiertos a quienes desean venir aquà para vivir, trabajar y ayudarnos a crear un futuro de coexistencia pacÃfica.
Para alcanzar ese objetivo —para Brasil y para otros— será necesaria una agenda de desarrollo sostenible, una que esté basada en la cooperación entre los estados, sectores clave de la sociedad e individuos. Con eso en mente, la Conferencia de la ONU sobre el Ambiente y el Desarrollo, llevada a cabo en RÃo de Janeiro en 1992, ayudó a abrir el camino para el establecimiento de una nueva y justa sociedad global de sostenibilidad.
Veinte años después, miembros de la ONU se reunieron de nuevo en RÃo y acordaron, como un principio básico de la Conferencia RÃo+20, que es posible crecer incluso mientras preservamos y protegemos. La Agenda 2030 que surgió como resultado, discutida por los lÃderes y funcionarios del mundo el mes pasado, establece el futuro que queremos, mientras sus 17 Objetivos de desarrollo sostenible reafirman la necesidad de que haya solidaridad y cooperación a fin de promover el crecimiento económico, la inclusión social y la protección del ambiente.
Vinculadas al ambiente, las Contribuciones Previstas Determinadas a Nivel Nacional de Brasil incluyen compromisos ambiciosos e integrales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y diversificar nuestras fuentes de energÃa renovable. Con base en nuestros niveles de 2005, hemos prometido una reducción de nuestras emisiones de gases con efecto invernadero para 2030, y hemos garantizado que el 45% de nuestra matriz energética provendrá de fuentes de energÃa renovable; este es un Ãndice mucho más alto que el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos de menos del 10%.
Este enfoque ha sido exitoso tanto en mantener uno de los consumos de energÃa más limpios del mundo, como también en reducir la deforestación en más del 80% en el transcurso de los últimos 10 años. Y seguiremos promoviendo programas ambientales con el propósito de combatir el cambio climático y promover una mayor conciencia global sobre la necesidad de que se tomen acciones urgentes.
Después de todo, un enfoque en polÃticas sostenibles y ecológicas ha ayudado a Brasil a lograr, en el transcurso de la última década, uno de los procesos de inclusión social más exitosos de la historia. Más de 36 millones de personas salieron de un estado de pobreza extrema, mientras 42 millones de brasileños ascendieron a la clase media. A partir del año pasado, Brasil ya no está en el Mapa mundial del hambre.
Estas polÃticas han sido exitosas porque el bienestar social, la distribución de ingresos y el acceso a servicios de calidad son considerados como aspectos esenciales para el desarrollo. Sin embargo, también sabemos que acabar con la pobreza solo es el inicio de un largo viaje, y los esfuerzos por promover el desarrollo deben ser globales y colectivos. Esta es la razón por la que creemos en la cooperación y el multilateralismo como medio para enfrentar estos desafÃos y promover una buena práctica en el escenario internacional.
La realidad es que el desarrollo que descuida la protección del ambiente no puede ser sostenible, y la comunidad internacional no puede rehuirle a sus responsabilidades. Los últimos 70 años nos han enseñado que las agendas de paz mundial, seguridad y desarrollo sostenible están interconectadas y son interdependientes, y que los gobiernos, la sociedad civil y los individuos deben seguir un camino que conduce al compromiso y la cooperación.
En breve, construir el mundo que queremos requerirá coraje y determinación... de parte de todos nosotros.
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