«El anticristo de Silicon Valley». Así se describe Andrew Keen en su perfil de Twitter y en sus tarjetas profesionales. Es un emprendedor y escritor que critica los daños que ha causado internet y la cultura de compartirlo todo en redes sociales.

En la información publicada en la página web abc.es, una paradoja, señala que estas plataformas hacen daño pero aun así tiene cuenta en Twitter. La justificación que da es que no se trata solamente de las redes sociales o aplicaciones que aparecen cada día, que a su juicio están «robando la vida interior de las personas», sino el uso que dan las personas a ellas.

Keen, británico de 53 años, ha publicado dos libros en los que critica el fenómeno de internet. Por ejemplo, como escritor, decía a «The New York Times», ve sumamente importante mantenerse en contacto a través de Twitter con otros colegas, con el público. Sin embargo, se «cansó» de Facebook y de lo que veía en él.

Su primer libro fue, «Cult of Amateur -- How Today's Internet is Killing Our Culture», 2007 ("Culto del Aficionado - Cómo Internet de hoy está matando nuestra cultura"). En él apuntaba cómo la «confianza de la sociedad» estaba siendo comprometida por la difusión de contenidos en Blogs, Youtube, e innumerables sitios. Para Keen, la situación se podía describir como «la ignorancia que se reúne con el egoísmo y el mal gusto de la ley de la calle».

«Fraude intelectual»

Con este libro irritó a muchas personas amantes de la web. Su intención era criticar a los «nuevos» o «amateurs» de este campo. Para Keen el problema de internet es que había (y hay) demasiado contenido anónimo. El «World Wide Web», a su criterio, debería aprender algo de los medios tradicionales. «La alternativa a los medios tradicionales, que es el internet, es por definición poco fiable porque no tiene "gatekeepers"(porteros)», dijo en el año que lanzó el libro a World Future Society.

Este locutor y presentador de Techcrunch señalaba que la realidad de las personas que estaban liderando el movimiento de la Web 2.0 no era congruente con sus postulados. «He tenido suficiente de esos chicos de Silicon Valley que hablan de democratización. Es el colmo de lo absurdo que estas personas acomodadas crean saber lo que los demás necesitan a nivel cultural y político. Se me ocurrió que lo que estaba sucediendo era fraude intelectual», dijo a World Future Society.

Como ha confesado en varias ocasiones, sus libros y planteamientos no están para satisfacer a nadie o para buscar solución. De ahí puede venir su «mote». «¿Crees que soy Bill Gates? No, no estoy interesado en resolver problemas. A mí me gusta crearlos más que resolverlos. Los problemas son los que nos hacen más interesantes. Mientras más, mejor», dijo en una ocasión para SV411.

Aunque es el «anticristo de Silicon Valley», no odia a todo lo que ahí se mueve. Su ídolo ha sido Steve Jobs, de hecho, le ha puesto un sobrenombre. «Admiro al gran Steve Jobs por no escuchar a los consumidores quejicas y ser un gran dictador al decirles lo que debía. Jobs fue el Joseph Stalin de Silicon Valley. Tan deliciosamente antidemocrático. A diferencia de Stalin, sin embargo, él no sólo hizo dinero sino que logró el éxito», apuntó.