TRÍPOLI.- Los secuestros y ataques diarios, sumados a la división política y la crisis económica, han convertido en un calvario “la vuelta al cole” para las familias en Libia, un país abocado al caos desde que en 2011 la comunidad internacional contribuyó a derrocar el régimen dictatorial de Muamar al Gadafi.
Aún así, cientos de niños estrenaron uniformes y libros ayer y llenaron de algarabía colegios e institutos en la capital y otras ciudades, en un intento por recuperar una cierta normalidad en un Estado en guerra amenazado por el creciente yihadismo.
“La vida es muy cara. Tenemos muchos gastos y para colmo de males los bancos no trabajan hasta el 1 de octubre”, se quejaba a Efe un padre de familia en Trípoli.
El regreso escolar se ha complicado este año, aun más, por la cercanía de la fiesta musulmana del Aid, una de las más importantes del calendario islámico, que ha congregado dos gastos muy onerosos en apenas una semana.
También por la disparidad de planes y opiniones de los dos ministerios de Educación que cohabitan en Libia, el que depende del Gobierno internacionalmente reconocido de Tobruk y el que gestiona en nombre del Ejecutivo considerado rebelde de Trípoli.