A los 24 años, la jovencita de belleza explosiva cuya aparición en la película Transformers encendió las fantasías de más de uno y la catapultó a un estrellato casi instantáneo, hoy procura tomar distancia de la imagen de sex symbol y, en una charla distendida, asegura que de momento su principal interés está en la actuación.
“Tengo que esforzarme por superar mi timidez”, dice Fox, aunque no se la haya visto demasiado intimidada en la última campaña de ropa interior femenina de Armani, ni en las sugerentes tapas de revistas que ha venido protagonizando en los últimos tres años ni, claro, durante su interpretación de la vampiresa depredadora del film Diabólica tentación.
Tampoco parece haberle faltado confianza cuando, hace unos meses, habló pestes del director de Transformers, Michael Bay.
La virulencia verbal de la “tímida” Megan la ha entronizado como la nueva beldad díscola de Hollywood, con miras a convertirse en la sucesora de Angelina Jolie.
“Odio sentirme asustada e insegura todo el tiempo, por lo que estoy aprendiendo a tener más confianza y estar más tranquila con todo”, confiesa sin embargo, antes de afirmar: “Creo que tengo el talento como para hacer una buena carrera y demostrar quién soy”.