Nota del editor: Brian Frawley, un antiguo sacerdote católico, es uno de los directores de la oficina de Boston de Hay Group. Su práctica se enfoca sobre áreas tales como evaluación ejecutiva, desarrollo de liderazgo y efectividad organizacional. Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivamente las de él.
(CNN) - La curiosa conexión que existe entre un lÃder y aquellos que son guiados es, como la mayorÃa de relaciones, rara vez fácil de entender o deshacer.
David McClelland, el gran psicólogo organizacional, empezó investigando a los lÃderes.
Él estaba especialmente interesado en explorar lo que él llama el motivo del "poder", la satisfacción que los lÃderes obtienen de tener un impacto sobre los demás. Para McClelland, existen dos tipos de poder. El "poder personal" obtiene energÃa y entusiasmo al ganar, al estar de pie sobre y más arriba de otros como conquistador y vencedor. Esta clase de poder refleja una profunda necesidad por controlar, por ser el que se hace cargo y el que consigue que se hagan las cosas.
Donald Trump es el afiche del poder personal. Más que cualquier otra figura pública en los últimos tiempos, sus alegres consignas respecto a que ha "ganado en todas las encuestas", junto con el interminable deleite en su riqueza y sus conquistas representa el poder personal al desnudo y en pantalla grande.
Para él, perder de cualquier forma o por cualquier razón es anatema; estar en la cima y al mando total es la única plataforma imaginable desde donde se debe dirigir. Al parecer, para un número cada vez más grande de personas, este enfoque es el que tiene un gran atractivo. Ofrece un antÃdoto convincente contra la paralización y el hastÃo que paraliza nuestros procesos polÃticos.
Un segundo tipo de poder es el que McClelland llama el "poder social". Al poder social de igual manera lo consume el tener impacto sobre otros. Pero su intención primordial no es blandir la fortaleza personal de uno. En lugar de eso, apunta a elevar a otros de una manera que cultiva y magnifica su potencial.
Este hace uso del lenguaje inspirador y de acciones simbólicas para ayudar a las personas a encontrar su propio poder, tanto de manera individual como colectivamente, y utilizarlo para influir positivamente en su mundo. El poder social genera energÃa y entusiasmo para hacer las cosas, pero de una manera que es colectiva e incluyente.
El papa Francisco ejemplifica este segundo tipo de poder... lo que el poder social es y el impacto que pretende tener. En su corto tiempo como lÃder de una iglesia fracturada y una jerarquÃa debilitada, sus desafÃos audaces por encender la reforma social revelan un enfoque implacable por cambiar los corazones.
Aparte de sus palabras, sus acciones ofrecen la evidencia más clara de este propulsor en acción. Su elección de nombre y una hogar más humilde reflejan un simple reconocimiento de que el cambio empieza antes que nada, desde el interior... una aceptación aplastante, incluso para un papa.
Dos lÃderes; dos diferentes rostros del poder. ¿Qué significa cada una de las promesas y, en última instancia, hasta dónde lleva el hecho de cumplirlas? El lÃder que se comporta mal debido al poder personal, se ve a sà mismo como un agente agresivo para el cambio. Su imagen de sà mismo es la del héroe conquistador que llama a otros para alinearse detrás de un ejército de uno. El poder de este lÃder ofrece la promesa de golpes rápidos y ganancias a corto plazo, pero falla al no ver más allá de eso.
Mucho antes de que la vuelta de la victoria termine, el próximo desafÃo espera y nuevas lÃneas de batalla se dibujan. Al final, el poder personal entusiasma y vigoriza al lÃder a costa de agotar y, a menudo, derrotar a sus seguidores. Cada victoria es costosa... para todos menos para él.
El poder social refleja una perspectiva positiva única sobre la persona. Está arraigada en la convicción de que el cambio empieza desde adentro y que una persona sà puede, de hecho, hacer la diferencia. Su objetivo es dar rienda suelta a la energÃa que ya está allà con una visión del futuro que es optimista y esperanzadora.
El poder social, a diferencia del poder personal, es generativo y vivificante, pero en muchos aspectos es mucho más exigente. Este desafÃa a otros a ir más allá de su zona de confort para explorar sus puntos ciegos a fin de encontrar nuevas formas de vivir y de amar. Este ofrece un mensaje que es a la vez simple y desconcertante... somos responsables del mundo que creamos.
El liderazgo alimentado por el poder social tiene como objetivo ampliar ese mundo de una manera que captura lo mejor de nosotros y nos inspira para alcanzar y empoderar a otros. Por el contrario, el liderazgo impulsado por el poder personal se aferra a fronteras rÃgidas al visualizar un mundo que está bien ordenado, con derechos y privilegios estrechamente definidos y agresivamente protegidos.
En las próximas semanas, estos estilos contrastantes de liderazgo estarán a plena vista... desde el centro de la escena del debate de CNN el 16 de septiembre y detrás de un altar al aire libre en Filadelfia la semana siguiente. Sus mensajes serán tan distintos y tan diferentes como los lÃderes en sà mismos. Uno de ellos esperando anotar un punto para ganar y afirmar a otros, para ganar a toda costa y para dejar a otros atrás. El otro desafiará a las personas a mirar más allá de ellas mismas y atraer a otros en el camino. Para ser una fuerza de cambio que empodere a otros para dar lo mejor de sà mismos y construir un mundo mejor.
Cada uno de estos lÃderes obtendrá una gran atención sobre las ondas de radio y en los medios de comunicación. La emoción y el entusiasmo que los seguirá será difÃcil de ignorar y talvez, a menudo, difÃcil de medir o comprender. Y, sin embargo, como lÃderes a quienes elegimos seguir, las vÃas que ellos ofrecen para el cambio dirán muchÃsimo acerca de quienes son, lo que los impulsa y lo que los motiva. Pero, en verdad, eso puede decir muchÃsimo más acerca de nosotros, sobre quiénes somos, el poder del que carecemos y que anhelamos.