No es cuestión de pedir perdón, al tiempo que se justifica el delito como esencial a la naturaleza humana
La alta jerarquÃa católica, especialmente el Cardenal y sus incondicionales, ocultó durante meses las prácticas delictivas del Nuncio Apostólico, Monseñor Wesoslossky, de nacionalidad polaca: seductor, manipulador y violador de menores, en connivencia, entre otros, con un cura también polaco de similar calaña, que ejercÃa el sacerdocio en la comunidad del Eucalipto.
Monseñor Agripino (que de santo tiene poco y de astuto muchÃsimo) y algunos prelados más calmos y modestos, como los monseñores Camilo y De la Rosa, reaccionaron condenando la violación de menores solo después que un reportero argentino denunciara el hecho desde el Vaticano, con inmediata repercusión crÃtica en los medios nacionales.
A esto la Conferencia del Episcopado, controlada por el Cardenal López RodrÃguez y sus epÃgonos fundamentalistas, le dio un “arrugónâ€, despotricando a la vez contra los medios y los periodistas que se hicieron eco del escándalo y lo comentaron; insinuando incluso sus voceros la negación de las evidencias del crimen en ese caso y en el del cura del Eucalipto. El sello de López RodrÃguez es inocultable en esa desautorización, independientemente de que haya o no informado soterradamente al Vaticano sobre las andanzas del Nuncio, por temor al escándalo público que de todas maneras explotó.
Pero es preciso ir más allá de todos esos incidentes: la pedofilia y la pederastia se tornan endémicas y epidémicas en la curia católica a causa del machismo, de la imposición del celibato, de la represión de la condición humana, del encadenamiento de los sentimientos de amor y del estigma contra el sublime placer sexual, burdamente e hipócritamente satanizado.
Asà brotan por montones en su seno todas las aberraciones sexuales (ocultas y descubiertas) basadas en el engaño, la violencia, la seducción, la inoculación del miedo, la manipulación de la inocencia y la ignorancia, y el uso la ascendencia religiosa, ejercidas contra menores de edad y seres indefensos.
La principal culpa es institucional, filosófica, conceptual…y esto está ampliamente demostrado.
No es cuestión de pedir perdón, al tiempo que se justifica el delito como esencial a la naturaleza humana.
El mal seguirá creciendo si no se ataca de raÃz, amen de la necesidad de sancionar ejemplarmente a los verdugos, verdaderos engendros del patriarcado, del dogma anti-ciencia, del conservadurismo y del absurdo celibato represor y auto-represor, negador al interior de esa institución de las relaciones de pareja y de la libertad y educación sexual, coaccionador de la sexualidad humana más allá de sus filas. Con efectos perniciosos dentro y fuera de la iglesia institucional católica, protegida por el Concordato Trujillista, la partidocracia corrupta y la venalidad del sistema judicial, algo que hay que erradicar sin contemplaciones.
O la iglesia católica se reforma profundamente, retomando el cristianismo liberador, superando el machismo, el adulto-centrismo, el racismo, y separándose de la podredumbre capitalista, o seguirá degradándose en todos los órdenes, empecinándose en ocultar lo inocultable.