Drama institucional
Señor director: Una situación trágica, un final que se vislumbra tenebroso, una realidad que traspasa las fronteras del desorden, un coloquio en el infierno, una muerte a destiempo… hechos como los mencionados, obtendrían el nombre de drama, sin embargo adquirir algunos de los servicios públicos que ofrece el Estado dominicano, podría superar los sentimientos que sufrir ante cualquiera de las situaciones citadas al principio de éste texto.
Debería dar vergüenza el haber desmontado la letra C del Artículo 3 de la constitución del año 1963, popularmente conocida como la constitución de Bosch, que contemplaba lo siguiente: “Se declaran calamidades públicas la vagancia, la mendicidad y cualquier otro vicio social que atente contra la consagración del trabajo como fundamento principal de la existencia de la nación”. Sin embargo hoy, el artículo 62 (el cual nos habla del Derecho al Trabajo), en sus diez (10) numerales, no nos habla de ningún tipo de calamidad.
Internacionalmente, la percepción que se tiene es que en los 76.480 km2 del territorio de la isla de la Hispaniola, se está viviendo una especie de guerra entre los pueblos que allí habitan. Sin embargo, ni siquiera desde los 3,098 m del Pico Duarte, se vislumbra acontecimiento que evidencie guerra alguna. Pero, el hecho de estar en esta “guerra ficticia” al parecer le ha sido rentable y viable para ambos gobiernos (el haitiano y el dominicano), ya que han podido montar un sinnúmero de espectáculos mediáticos, donde hurtan el lugar glorioso de algún medallista olímpico al ostentar alguna de las respectivas banderas de ambas naciones no con el fin de levantar el sentir patriótico, sino con el objetivo de fomentar la discriminación hacia aquellos que por situaciones ajenas a su voluntad, no corrieron con la “suerte” de nacer aquí o allí.
Lo que erróneamente está siendo calificado como “drama humano”, no es más que la “vagancia, la mendicidad” y otros “vicios sociales que” atentan “contra la consagración del trabajo como fundamento principal de la existencia de la nación”. Si algo vulnera nuestras vidas en el orden colectivo, es la irresponsabilidad de los responsables de mantener el orden, de hacer cumplir las leyes, de vigilar su cumplimiento.
En un país donde contratar mano de obra extranjera, bajo condiciones infrahumanas, pasa desapercibido por el Estado, o en el mejor de los casos: es “resuelto” por quienes delinquen en esta acción otorgándoles “pesos” a las autoridades con el fin de dejar “eso así”. Indudablemente hay un drama, que más que humano, es un drama de Estado.
Víctor Joel Aponte Colón
CiudadanO