Mis agradecimientos a todas las personas e instituciones que me expresaron su solidaridad y apoyo durante un momento tan difícil como el fallecimiento de mi madre María Leonida Sandoval.
A mis compañeros del Comité Ejecutivo Nacional del CDP, a la presidenta y miembros del Consejo de Administración del IPPP, a los directivos del SNTP, a la seccional completa de CDP de San Francisco de Macorís, de María Trinidad Sánchez (Nagua), de Hermanas Mirabal, de Bonao, del Distrito Nacional que asistieron masivamente.
A los representantes de movimientos periodísticos.
A los compañeros que llamaron insistentemente de todas las seccionales del país, de Miami, de Puerto Rico, de Nueva York, de New Jersey, de España. Y quienes escribieron y publicaron una emotiva crónica desde el exterior para compartir mi dolor.
Gracias a las autoridades nacionales, al presidente Danilo Medina, por sus expresiones de solidaridad y apoyo; al ministro de la Presidencia, Gustavo Montalvo; al Ministerio de Administración Púbica (MAP); al presidente del Tribunal Constitucional, doctor Milton Ray Guevara; de la Suprema Corte de Justicia, del Banco Central, del Banco de Reservas.
Gracias del alma al comandante Regional Nordeste de la Policía Nacional general Neivi Luís Pérez Sánchez, por su comportamiento tan gentil; al coronel Vargas; al comandante de la guarnición de la fortaleza de San Francisco de Macorís, a la gobernadora de la provincia Duarte, Miledys Núñez; al senador Amilcar Romero.
Gracias, al cónsul dominicano en Nueva York y al cónsul dominicano en Miami, por su gentileza de llamarme para expresarme sus condolencias.
A los sacerdotes, mis queridos compañeros del seminario, Andrés Hernández, Pelagio Taveras, Fausto Burgos, Luís Olivares; al padre Saulo y a los hermanos diáconos, que cumplieron el deseo de mi madre de que fueran ellos que le celebraran la misa de cuerpo presente.
A todos y todas los periodistas, amigos y allegados que de una forma u otra han manifestado su hermandad conmigo y mi familia. A los que me enviaron correos, mensajes, wahtsApp.
A todos los que me enviaron cartas (21) para expresarme su solidaridad y condolencias, pero que todavía no he podido leer porque no he llegado a la oficina.
A quienes sirvieron para que no faltara nada en la Funeraria Don Benigno, en el Parador De Master Pollo de donde se sirvió la comida durante los días martes y miércoles.
A todos y todas, gracias del alma por ser mis hermanos y hermanas.
Y sobre todo, gracias eternas a Dios por darme la familia que tengo. Por haberme dado una madre tan maravillosa, tan abnegada, tan laboriosa, tan servicial, tan generosa, que día tras día cocinaba un gran caldero de arroz, otro de habichuelas, otro de carne y otros comestibles, servía a la familia, a los trabajadores y dejaba una gran parte para obligar a comer a todo el que llegaba o pasaba por el frente de la casa.
Cuando el viandante terminaba lo obligaba a repetir. Si no quería más le decía: “es que no le gustó, se encontró mala la comida”.
Gracias por esa madre, que aun siendo analfabeta se preocupó para que sus hijos fueran profesionales, y sobre todo por enseñarle el amor al trabajo, la lealtad, el apego a los valores morales y sobre todo el servir desinteresadamente a los demás.
Gracias por Rosa, por Gómez, por Eugenio por Rafael y por Fabio, mis hermanos.
Pero gracias, porque durante los dos días de velatorio pude reflexionar y comprobar que mi madre era también madre de muucha gente, de muchos sobrinos, ahijados, nietos, hermanos…..Todos las tenían como madre, y tenían razones para ello.
Perdimos un tronco. Un tremendo tronco familiar. Mi madre era la mayor de una gran familia: Sandoval-Gómez, y todos sus hermanos la tenían como su madre, así como los hijos e hijas de sus hermanos, sobre todo a quienes sus padres se les habían ido. Por eso tanto llanto, tanta desesperación tanto dolor, porque al partir, nos dejaste tan solos.
A todos y todas los periodistas, amigos y allegados que de una forma u otra han manifestado su hermandad conmigo y mi familia. A los que me enviaron correos, mensajes, wahtsApp.
A todos los que me enviaron cartas (21) para expresarme su solidaridad y condolencias, pero que todavía no he podido leer porque no he llegado a la oficina.
A quienes sirvieron para que no faltara nada en la Funeraria Don Benigno, en el Parador De Master Pollo de donde se sirvió la comida durante los días martes y miércoles.
A todos y todas, gracias del alma por ser mis hermanos y hermanas.
Y sobre todo, gracias eternas a Dios por darme la familia que tengo.
Por haberme dado una madre tan maravillosa, tan abnegada, tan laboriosa, tan servicial, tan generosa, que día tras día cocinaba un gran caldero de arroz, otro de habichuelas, otro de carne y otros comestibles, servía a la familia, a los trabajadores y dejaba una gran parte para obligar a comer a todo el que llegaba o pasaba por el frente de la casa. Cuando el viandante terminaba lo obligaba a repetir.
Si no quería más le decía: “es que no le gustó, se encontró mala la comida”.
Gracias por esa madre, que aun siendo analfabeta se preocupó para que sus hijos fueran profesionales, y sobre todo por enseñarle el amor al trabajo, la lealtad, el apego a los valores morales y sobre todo el servir desinteresadamente a los demás.
Gracias por Rosa, por Gómez, por Eugenio por Rafael y por Fabio, mis hermanos. Pero gracias, porque durante los dos días de velatorio pude reflexionar y comprobar que mi madre era también madre de muuuucha gente, de muchos sobrinos, ahijados, nietos, hermanos…..Todos las tenían como madre, y tenían razones para ello.
Perdimos un tronco. Un tremendo tronco familiar. Mi madre era la mayor de una gran familia: Sandoval-Gómez, y todos sus hermanos la tenían como su madre, así como los hijos e hijas de sus hermanos, sobre todo a quienes sus padres se les habían ido. Por eso tanto llanto, tanta desesperación tanto dolor, porque al partir, nos dejaste tan solos.