La Habana. Pancho, el pelÃcano, prefiere la compañÃa de los seres humanos a la de su propia especie y desde hace un año y medio hizo su hogar en La Habama.Lejos de las paradisÃacas playas caribeñas y los aires salobres de la costa, Pancho es un miembro más de la comunidad, los vecinos lo conocen por su nombre y los vendedores de periódicos lo saludan por las mañanas.
Magela Guerrero, quien lo cuida, trató varias veces de devolverlo a la vida silvestre en el mar, pero Pancho se las ingenia para seguirla a todos lados y siempre encontrar de nuevo el camino a casa...¡y a ella! “Cuando lo vi por primera vez fue un flechazoâ€, bromeó Guerrero, de 32 años.
De elegante y suave plumaje color marrón que sacude con energÃa, un largo pico que restrega en la oreja de su dueña -y pretende usar para alejar a quienes se acercan a ella-- y ojos atentos, Pancho es una celebridad en la Calle 23, la más transitada del barrio habanero del Vedado.
“Nos lo trajo un vecino que acostumbra a pescar en el malecón. TenÃa una alergia, no tenÃa plumitas y estaba muy inapetente, casi moribundoâ€, dijo con voz triste Guerrero, ama de casa y madre de un adolescente.
La identidad de Pancho no tardó en revelarse. CientÃficamente es un Pelecanus occidentalis occidentalis, llamado comúnmente pelÃcano pardo del Caribe, ave que habita en las costas de América desde el sur de los Estados Unidos hasta el Amazonas en Brasil.
Guerrero consultó a una veterinaria, quien le dio un tratamiento con pastillas y cremas, pero nadie apostaba a que Pancho sobrevivirÃa y menos que se quedarÃa a vivir allÃ. “De esto hace un año y medioâ€, recordó.
Pancho dista mucho de ser aquel ave debilitada del 2011 y ahora, después de adoptar a esta familia como propia, se mueve como un miembro más por la sala de alto puntal, se trepa a las mecedoras de madera o sale a la galerÃa donde cada dÃa recibe un saludable baño con la manguera. Cuando está de humor, vuela hasta las azoteas de los edificios aledaños para tomar el sol.
Pancho duerme junto a una palangana de agua en el patio delantero de la casa, pero temprano en las mañanas se pone en acción, mientras los vecinos lo saludan y el vendedor de diarios grita “Panchoooooooooo, la prensaaaaaaaaaaâ€, al entregar el periódico en el domicilio.