El ave permanecía inmóvil, encaramada sobre la empalizada. Así que el fotógrafo aprovechó para tomarle algunas imágenes. Era media mañana y el vehículo enfilaba por un camino escarpado rumbo al batey Mahoma, en Rancho Arriba, San José de Ocoa. Ver PDF

Era hermosa. Aunque no de gran tamaño, resultaba imponente.  No importaba cuánto se moviera alrededor de ésta, el ave, aunque atenta, no hacía ningún intento por escapar.

Entonces una señora salió de su rancheta para despejar la incógnita que se cernía sobre los viajeros: “Es que no puede volar, porque se cayó del nido”. ¿Y cómo se encaramó ahí?, se le preguntó. “La mamá la subió ahí. Todos los días le deja caer comida en la boca. No le gusta que lo molesten.  El papá y la mamá aparecen de una vez si lo molestas, te pueden picar. Mírala ahí donde está, en esa mata”. Señaló con el dedo. En un árbol próximo, había un ave vigilando. Para reafirmar sus palabras, la señora tomó un palo e intentó que el pichón se encaramara.

En cuestión de segundos, el ave vigilante comenzó a planear sobre el grupo y a emitir chillidos. Se decidió dejarla tranquila.

“No hizo nada porque éramos un grupo, si hubiera sido yo sola…”, advirtió la mujer. Según ésta, al caer la tarde, la madre la movía del palo hasta un árbol cercano. Una especie de guarida nocturna.

Se trataba una cuyaya (Falco sparverius). Por su extensión en todo el continente americano, su población se considera estable y no se encuentra en peligro crítico, sino que la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Mundial de Conservación de la Naturaleza la evalúa como “de preocupación menor”. Son 17 subespecies. La nativa de la isla se llama Falco sparverius dominicensis.

En lugares como Estados Unidos se están experimentando descensos en su población por problemas de contaminación y pérdida de hábitats, por lo que podría ser considerada vulnerable dentro de algunos años. En República Dominicana todavía es una especie de preocupación menor, así que es posible tener encuentros felices como los de aquella mañana.

Si hay gente que vive en la calle Cernícalo, posiblemente haya algunos que residan en la calle Cuyaya. Se trata de la misma ave (Falco sparverius), y sin embargo, no es la misma calle. Cosas del universo.

Un halcón
La cuyaya o cernícalo no es un águila, sino un halcón. Sin embargo, a menudo se les llama así al equipo de las Águilas Cibaeñas.

Se alimenta de aves pequeñas, insectos, reptiles, anfibios y roedores.  

Pequeño y delgado, de alas largas, es uno de los halcones más pequeños que se conoce.

Mide entre 21 y 27 centímetros.

 Los campesinos pueden llegar a domesticarlas. En ese caso las alimentan con lagartos.