Este artículo fue extraído de la Revista No.0025, de fecha 30 de enero del año 1963, escrito por el periodista Mario Bobea Billini y lo reproducimos con el interés de que nuestras futuras generaciones conozcan cómo pensaba nuestras gentes aún.
Su autor narra interesantísimos sucesos del tirano donde personas cercanas a su entorno aseguran que tenía un pacto con el Diablo, con quien solía tener entrevistas, bañaba los viernes un caballo negro y en ocasiones dormía con 17 gatos de ese color.
El 31 de este mes, mayo 2015, se cumplen 54 años del asesinato de uno de los más crueles tiranos dominicano y del mundo
Citamos.
Mario Bobea Billini
La noche del 30 de mayo de 1961, un martes, día clásico para brujos y supersticiosos, quedó destruido el mito de la invulnerabilidad de Trujillo.
Balas de plomo y de justicia cortaron la vida de hierro y de crueldad del dictador, a quien la leyenda popular atribuía un pacto con el diablo… Y tras de esta realidad, como en una de esas películas retroactivas, la mente de cada dominicano se puso a repasar los recuerdos de todos aquellos atentados frustrados, que debieron haber concluido con el tirano muchos años antes.
Por tales razones, al no concurrir delatores a la cita heroica de los patriotas que ajusticiaron al tirano la noche del 30 de mayo, pudo ser posible que ocurriera lo increíble, lo que no podía concebirse ni en la mente del hombre sencillo que es presa predilecta de las supersticiones, ni en el cerebro del intelectual que no podía creer aquella realidad fantaseada: Trujillo había muerto!
Las dos sábanas del diablo
Cuando la gente del pueblo hablaba del “pacto” que tenía Trujillo con Satanás, esperaba que algún día el amo de los infierno iba a desguarnecer a su “protegido” y en vez de cubrirlo con la sábana grande que tiene para ocultar a los malvados con quienes pacta, lo arroparía con la sábana pequeña que posee para dejarlos al descubierto, una vez llegado el plazo fatal en que se vencería el convenio.
Tan grande era el poder del tirano, que para esas gentes la omnipotencia del dictador no era cosa natural.

Leyenda sobre Truillo dicen tenía un pacto con el Diablo
Era sobrenatural y diabólica. De esa creencia surgieron numerosas historias de “entrevistas” de Trujillo con el diablo…
El Mefistófeles de las espuelas de oro
Tal vez una de las últimas “relaciones” de Trujillo con el diablo fue ésta. Así contó una vieja sirvienta “cocola” a un antiguo empleado de la “Estancia Radhamés”.
-“Aquella mañana me cogió el sueño y cuando fui a dar brillo a un manubrio dorado que había en la puerta de lo que yo creí era un closet, me tropecé con que el “jefe” estaba con otro señor, junto a la puerta que permanecería cerrada…
-Lo extraño para mí –continuó relatando la vieja “cocola”-, era que aquel hombre se atrevía a increpar al “jefe” y que este le escuchaba atentamente, sin alterarse. Yo creía estar durmiendo todavía… Me pellizcaba… me daba palmadas en la cara… pero, efectivamente aquel hombre estaba regañando al “jefe”.
-“Entonces pude observar mejor al raro visitante. Era alto trigueño y buen mozo. Tenía unos ojos de fuego, cuya feroz mirada me hicieron bajar los míos…
Incliné mi cabeza llena de temor y cuán grande fue mi sorpresa cuando vi que el visitante estaba descalzo y tenía puestas unas espuelas de oro”…
“Sentí un escalofrío que me presionó todo el cuerpo y eché a correr por el pasillo que daba acceso a aquella parte de la casa.
El “jefe” no había advertido mi presencia, pero yo pude oír lo que discutía con el extraño visitante”.
-¡Dentro de seis días se vence el plazo!
-¡Deme unos días más! Le decía el jefe en tono casi suplicante, a lo que le respondió el otro señor:
-Ni uno más. Dentro de seis se vence el plazo!..
Entonces fui donde mi hijo que trabajaba también en la casa y le conté lo que había visto y fue por boca de ellos que supe la verdad.
“Aquel hombre de las espuelas de oro, era el propio “enemigo malo”.
Según relata el antiguo camarero de Estancia Radhamés, unos días más tarde Trujillo caías abatido a balazos y desde entonces no ha vuelto a ver ni a la vieja sirvienta ni a su hijo.
El toro negro y el caballo negro…
Trujillo era supersticioso y sus actos los supeditaba a aciertas creencias fetichistas. Eso no era un secreto para sus colaboradores ni para el pueblo, y de aquí que la leyenda de que tenía pacto con el diablo cobrara tanto arraigo popular.
Se decía que el tirano tenía por costumbre bañar todos los viernes un caballo negro que poseías en un establo junto a la “Estancia Ramfis”, el palacete donde está hoy instalada la Cancillería.
Aunque Trujillo hacía ver a sus acompañantes y a los empleados del establo que bañaba él mismo el caballo por pura afición y por el cariño que dispensaba al noble bruto, afecto que no profesaba a sus infelices gobernados, los cuidadores del potro de ébano murmuraban que uno era así, y que el animal era una de las tantas personificaciones de Belcebú…
Algo parecido ocurría con un hermoso toro negro que Trujillo poseía en su feudo de Fundación. Era un ejemplar bovino de excepcionales condiciones al que el dueño jamás permitió que se utilizara como semental, para no exponerlo a una cornada de un rival celoso o de una hembra vacuna arisca.
Contaba un empleado del establo que Trujillo visitaba con frecuencia, en altas horas de la noche, al toro negro y que en una ocasión, venciendo su temor y sus escrúpulos y dejándose vencer por la curiosidad que le atenaceaba, se acercó sigilosamente a la jaula del animal, donde había visto en entrar al “jefe” hacía unos minutos.
Su relato le crispa aún los vellos y le pone la carne de gallina, pero afirma, con excitada certeza que oyó a Trujillo hablar con el toro, y que su confusión fue tan grande que no pudo advertir qué era lo que el “jefe” decía al animal…
-No daba crédito a lo que estaba oyendo y hasta pensé que había otra persona en la jaula, cuya presencia no había advertido, pero cuando el “jefe” se marchó fui a la jaula y allí solo estaba el toro!… Y continuó diciendo: recordé que en aquellos días se estaba inyectando una medicina que no le permitía beber, porque me lo había dicho un primo que trabajaba en la casa.
(La casa a que se refería el empleado era la mansión de caoba que tenía Trujillo en Fundación, escenario de las clásicas bacanales del dictador, donde según se dice apareció una fortuna en barras de oro, dólares y joyas, que Ramfis se llevó a Europa cuando huyó del país).
-Entonces –continuó diciendo el buen hombre-, comprendí que aquello no era normal.
Que el “jefe” estaba loco o aquel toro negro, como bien dicen otros más viejos que yo en el establo, era una representación del propio diablo”.
Desde aquel día me fui de Fundación”…

A Trujillo le gustaban los gatos negros
Angelita Trujillo, la venática hija del dictador, que hoy llena de escándalos las crónicas de la bohemia barata de París, contó un día a una de sus amigas que su padre gran afición por los gatos y que con él convivían en su propia alcoba, 17 felinos que solían dormir con el “benefactor”.
Esta indiscreción de Angelita picó la curiosidad de la amiga que pudo comprobar que esto era cierto, aún cuando no penetró a la habitación de Trujillo para cerciorarse de ello, ya que le bastó aproximarse a una jardinera de helechos que había cerca de la puerta de la misma y la cual servía de cuarto sanitario a los gatos.
Lo que sí intrigó a la amiga de Angelita fue el hecho de que los 17 gatos eran negros. Primeramente pensó que Trujillo era afecto a los gatos por su similitud con ellos en el aspecto de robar lo ajeno o de ser extremadamente cruel con sus víctimas, como lo es el gato con el ratón que caza, al cual antes de devorar somete al suplicio de un juego que indudablemente es causa de placer inmenso para el felino…
Pero luego meditó y le buscó el otro lado al curioso caso: Trujillo era un supersticioso y esos gatos negros significaban algo muy especial para él!
Muchas y muy diversas eran las historias que en torno al férreo dictador se cuentan, muchas de ellas exageradas por la fantasía y la credulidad populares; pero detrás de todas esas historias se advertía que Trujillo fue, además de tirano, asesino y ladrón, personaje legendario de un capítulo de la magia negra, quizás remedo de algún ascendente venido del misterioso y profundo Haití, donde tiene algunas de sus más fuertes raíces el árbol genealógico de la “noble” familia.
FUENTE: Revista Ahora, No.0025, de fecha 30 de enero del año 1963