SANTO DOMINGO, Rep. Dominicana, 18 de enero, 2015.-A pesar de que se mantuvo en secreto, cumpliendo con las formalidades de la diplomacia, la ciencia superó los principios ideológicos en el caso de Gerardo Hernández, uno de los cinco espías, para Estados Unidos, y héroes para Cuba, preso en cárceles estadounidenses, liberado luego de que el régimen de La Habana hiciera lo mismo con el contratista de origen judío Alan Gross, encarcelado en esa isla caribeña, bajo la acusación de espionaje.
Ese hecho-la liberación de los presos-provocó el rompimiento del hielo que mantenía distanciado a Estados Unidos y a Cuba por más de 50 años. El presidente estadounidense Barack Obama anunció, por televisión, la flexibilización de las políticas de Washington frente a La Habana, y al mismo tiempo y por la misma vía, el mandatario cubano, Raúl Castro, aceptó esa política de acercamiento.
Las negociaciones para el acercamiento venían produciéndose desde hace tiempo, incluso fue posible gracias a la intervención del Papa Francisco, y al gobierno de Canadá.
Hernández había estado en una cárcel de California, donde purgaba una pena de doble cadena perpetua. Su esposa Adriana Pérez, residente en La Habana, les había comunicado a las autoridades cubanas que quería ser madre.
Frente a ese pedimento, los gobiernos cubano y estadounidense se pusieron de acuerdo. Estados Unidos permitió que al encarcelado “espía” enviar los espermas mientras estaba en la cárcel a su esposa en Cuba, y allí se procedió a la inseminación artificial que permitió el embarazo de Pérez.
Cuando Hernández regresa a Cuba, fruto de los acuerdos entre Washington y La Habana, encontró a su esposa embarazada, a pesar de que perduraron más de 16 años sin tener contacto físico.
El espía fue detenido en 1998 como parte de la llamada “Red avispa” de la inteligencia cubana en EE.UU. y no podía recibir visitas de su esposa en la cárcel de California en la que estuvo recluido. “Hubo que hacerlo por control remoto”, bromeó. “La realidad es que en silencio tuvo que ser, esta parte también”, dijo un jocoso Hernández aludiendo a una célebre frase del prócer cubano José Martí.
En 2012, Adriana Pérez se lamentaba todavía de la larga separación de su marido y de la imposibilidad de formar una familia. “Desde el punto de vista personal hay mucho costo”, decía ella en marzo de ese año en una entrevista.
“La más lamentable (pérdida) es no haber sido madre”, se quejó. “Yo no tuve el derecho a la maternidad a pesar de que es algo que le hemos pedido al gobierno de EE.UU. como un pequeño gesto”, aseguraba. “El reloj biológico va marcando su etapa final para ser madre”, decía Pérez, entonces de 42 años.
Hoy, Hernández y Pérez son felices padres en La Habana.
La ciencia se impuso a los dogmas ideológicos y a los caprichos políticos.