Discurso con motivo del Día del poder Judicial, pronunciado por la Magistrada Rosa Angélica Rodríguez, Jueza Presidente de la Corte de Apelación deNiños, Niñas y Adolescentes del Departamento Judicial de San Cristóbal y coordinadora del Departamento, con motivo del día del Poder Judicial. Te lo envío a los fines de que lo publiques si lo consideras de interés. Gracias anticipadas.

 

El poder Judicial es uno de los poderes del Estado, encargado de administrar la justicia en la sociedad, entre sus facultades están: la aplicación del bloque de Constitucionalidad, respeto a los usuarios y la gratuidad de la justicia, entre otros.

El día 7 de enero de cada año celebramos el día del Poder Judicial en  nuestro país, momento de relevancia para el Departamento Judicial junto a los demás integrantes del sistema de justicia, autoridades civiles y militares  e invitados, para  presentarles rendición de cuentas y hacer análisis reflexivo sobre

LE DOY GRACIAS A DIOS, A MI AMADA FAMILIA POR ENCONTRARSE PRESENTE EN EL DÌA DE HOY.


LA FAMILIA ES VERDADERAMENTE LA BASE DE LA SOCIEDAD.

La familia es el núcleo fundamental en todo conglomerado humano y ha existido en todas las sociedades de las que hay registro histórico. Según estudio de Federico Engels, en su obra el origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, en las sociedades agrarias predominó la familia extendida, con la industrialización y la urbanización se afincó la llamada familia nuclear de pocos miembros, sin embargo; 

Como recientemente señaló el santo padre, cito: “La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los  vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad”.

Por eso el Estado Dominicano viene aplicando una serie de políticas públicas en aras de  garantizar la integridad de la familia dominicana; en tal sentido, la Constitución de la República en su artículo 8 expresa que la finalidad esencial del Estado, es la protección efectiva de los derechos de la persona, el respeto de su dignidad y la obtención de los medios que le permitan perfeccionarse de forma igualitaria, equitativa y progresiva, dentro de un marco de libertad individual y de justicia social, compatibles con el orden público, el bienestar general y los derechos de todos y todas. 

La protección de los menores de edad, la igualdad de género y el papel de la justicia constitucional en este ámbito, por ejemplo, son cuestiones fundamentales que no deben soslayarse si queremos hacer que en nuestro país los derechos sean una realidad cotidiana. Establecer, mediante la interpretación y aplicación de la ley, condiciones más equitativas, más igualitarias, más justas para quienes, en los conflictos surgidos de la propia dinámica familiar, suelen ser los más afectados. 

Adecuar esa interpretación y aplicación de la ley, de la Constitución a las necesidades y tendencias de estos tiempos nuevos, en los cuales la familia, los menores de edad y las mujeres comienzan a tener mayor relevancia en un sistema jurídico que debe protegerlos, es un imperativo al que no se puede renunciar. Conformar un sistema constitucional que cumpla con la finalidad esencial de tutelar los derechos de ciertos grupos que, como la familia, requieren especial atención es un deber para los juristas y una misión de nuestra moderna ciencia jurídica.

Pero no solo son deberes del sistema jurídico; sino que estos requieren, por mandato constitucional de un Estado facilitador, un Estado que colabore con los ciudadanos en la tarea de proteger los derechos de la familia.

Como parte del Estado Dominicano, en el ámbito de competencia del Poder Judicial, todos y todas estamos constitucionalmente obligados a emitir sentencias que sean eficaces a los principios e imperativos constitucionales.

Sólo a través de la racionalidad que proporciona el sistema jurídico, particularmente al dictar sentencias, se proponen soluciones para temas como la violencia familiar  y con ello generar un cambio en la perspectiva que se tiene respecto de deberes morales que tienen  que ver con la familia, para transformarlos en auténticos deberes jurídicos; y, de la misma manera, se van generando condiciones que permitan, de una vez por todas, ir ganando esa batalla contra la violencia de género, la intrafamiliar, y todos los problemas relacionados con estos dos tipos de violencia. 

Ponernos de acuerdo sobre lo que queremos que influya desde el derecho en nuestro ambiente familiar, sobre cómo queremos que se desarrollen nuestras relaciones familiares, sobre la manera en que queremos proteger a esa institución tan importante que es la familia son aspectos fundamentales sobre los que tenemos responsabilidad los jueces y juezas, pero también los demás órganos del Estado, como lo manda nuestra Constitución. 

Hillary Rodham Clinton afirma que construir y mantener una sociedad libre es un proyecto que se edifica sobre tres pilares: primero, un gobierno democrático; segundo, una economía de mercado libre y, tercero, el que me parece más importante, el tejido social sólido. Y ese tejido social se construye sobre la base de las familias.

El desarrollo de los hombres y mujeres de las sociedades, requiere constantemente de un análisis del contexto en el que está inmerso, de las causas que originan los desequilibrios entre sus congéneres, de aquello que no le permite vivir en armonía. 

El derecho juega en ello un papel fundamental, un papel definitivo en el establecimiento de las bases que protejan y tutelen la institución familiar, a los menores de edad, a las mujeres y a los ancianos como grupos más vulnerables en el contexto familiar; pero también en la definición de relaciones de género verdaderamente equitativas, en la propagación de valores, en la construcción de una ciudadanía inclusiva y la preservación de la democracia.

Sin el derecho como centro, cualquier reforma del Estado será inútil, inocua e inoperante. Por ello, les propongo tratar de que en nuestro esfuerzo cotidiano de aplicación del derecho pongamos nuestro granito de arena en ese empeño de construir una sociedad más libre, a través de familias que tengan en los jueces/zas y en la Constitución un baluarte de su tutela.

En una sociedad convulsionada por la violencia, deshonestidad, irresponsabilidad, robo en todas sus dimensiones, desintegración familiar, divorcios, abortos, cuyos protagonistas son personas jóvenes en su mayoría; en donde se fomenta el individualismo y poca participación  de la comunidad  en los problemas sociales debemos procurar la inserción en nuestro sistema de entes modeladores de principios y valores.

Los cambios socioculturales han sido muy acelerados sobre todo en la segunda mitad del siglo XX bien inducido por la ciencia y la tecnología o bien por la crisis de valoración en las poblaciones generalmente jóvenes que no encuentran modo de integración en el sistema social; esto ha traído como consecuencia cambios políticos, económicos, educativos y sociales creando incertidumbre e inestabilidades sobre todo en la familia como estructura social.

Tenemos que plantearnos qué rol juega en todo esto la familia? La familia debería asumir el rol como unidad fundamental de la vida humana; es alrededor de ella donde giran la mayoría de los ritos de la vida: nacimiento, bautizo, primera comunión, los ritos de la adolescencia, el ingreso a la escuela, el matrimonio, el divorcio, la enfermedad y la muerte; y es precisamente en ella donde el individuo moldea toda la estructura moral que regirá su conducta y su vida.

La familia igualmente es un centro de expresión espiritual (dentro de la súper estructuración del desarrollo). Cuando su integración es positiva, dentro de ellas se generan los valores más íntimos del espíritu: amor, bondad, y toda una serie de expresiones éticas y de felicidad personal; pero al mismo tiempo si no sucede así la familia viene siendo el centro de sufrimiento y malestar más grande del hombre.

Los miembros de una familia tienden a parecerse, no sólo fenotípicamente sino conductualmente.

Dado que la familia es la génesis en donde el niño aprende la noción de ser humano, de persona, en donde se inicia la educación, donde aprende los hábitos esenciales que vamos a cumplir el resto de la vida, como por ejemplo el control de esfínteres, limpieza, alimentarse, etc. También aprenden nociones básicas acerca de los patrones de afectividad del ser humano, el concepto de madre y padre; sexo mujer y hombre y todo eso en un momento crucial de su crecimiento y desarrollo (Los primeros años de su vida).

Es en el hogar donde aprendemos constantemente, pues la educación es una dinámica incalculable; Se podría decir infinita, por ello debemos verlo como el sitio de múltiples influencias educativas que interactúan entre sí. 

Los Padres representan dos papeles básicos; el padre la autoridad mientras que la madre la afectividad. Un tercer papel, con el cual se va a encontrar posteriormente el niño, es que representa el maestro, el del saber.

Los padres deberían enseñar el hacer, y el quehacer, para completar estos cinco conceptos básicos de la educación inicial del niño: autoridad, afectividad, saber, hacer y quehacer.

Ese hacer y quehacer están asociados a los elementos de organización, disciplina, orden, innovación, descubrimiento, equilibrio; por esto los padres tienen una responsabilidad de ayudar a este nuevo ser a insertarse armoniosamente en el mundo físico y social,  a que aprenda  a identificar los objetos, los seres, así mismo a acompañarlo a la formación y desarrollo  de la conciencia; a enseñarles que somos mortales, a pensar críticamente y con creatividad, a enseñarles que la vida tiene un sentido histórico, que nuestros actos son voluntarios pero responsables, entrenarlo en la toma de decisiones frente a distintas alternativas; que hay decisiones críticas y que otras pueden posponerse.

“Lo esencial es que aquello que enseñan a sus hijos/as en los primeros años es sumamente importante porque si bien la conducta es modificable, esos primeros años son huellas indelebles”

El niño y el joven necesitan ser educados a partir de la existencia de unos valores claros, bien configurados, con una coherencia que les dé credibilidad. En este aspecto no puede existir el doble discurso, ni la doble vida, porque se transmiten las vivencias y se viven las creencias”

La familia es la que debería liderar la educación y la escuela la instrucción, por ello es necesario despertar y comenzar a protagonizar con las debidas herramientas la responsabilidad histórica que reclama la Patria, la Nación, la Sociedad y dentro de ésta la familia educándonos y educando en valores para formar generaciones de futuro. 

Termino mi intervención con las palabras del Papa Francisco en el Parlamento Europeo: “La familia, unida, fecunda e indisoluble, posee los elementos fundamentales para promover la esperanza en el futuro”