SANTO DOMINGO, Rep. Dominicana, 4 de enero, 2015.- Vienen llegando junto con la silueta de la noche, casi siempre con bebidas alcohólicas en las manos, hombres y mujeres jóvenes, muchos de ellos con atuendos extravagantes, al parque Duarte: único y principal centro público del país donde comparten animadamente gays y lesbianas nacionales y extranjeras.
El murmullo es incesante. Las conversaciones son melodiosas, y justo al frente del parque está el Convento de Los Domínicos, hoy prácticamente convertido en un museo religioso. “A nosotros los sacerdotes nunca nos han molestado”, dice Florindo, nombre supuesto para proteger su real identidad.
A medida que la noche se va poniendo adulta, la concurrencia es mayor. Los bares, los pubs y los restaurantes de la zona no cesan de ofrecer sus servicios, a velocidad kilométrica, de bebidas alcohólicas a la clientela. “A este hotel viene parejas del mismo sexo”, me dijo un conserje de nacionalidad haitiana.
Para algunos, el parque Duarte al parecer ha sido mercadeado como un centro de prostitución en la Zona Colonial a través del internet.
Hasta allí llegan gays y lesbianas de todo tipo de nacionalidades, siendo los españoles y los estadounidenses los más numerosos.
“Para mí los españoles son los más amistosos”, dijo Luis Pérez.
Los asiduos contertulios al parque Duarte sostienen la tesis de que allí debe ponerse en práctica el concepto de “open mind” (mente abierta), que es una teoría asumida por el movimiento gay y lésbico a nivel internacional.
No solo los gay y lesbianas van al espacio público de la Zona Colonial, personas de los dos sexos van a comprar placeres. “Yo visto aquí a hombres al igual que a mujeres buscando lo que sea para satisfacer sus apetitos sexuales”, refirió Pérez.
El vecindario, compuesto en gran medida por personas adultas mayores, ha ido tolerando a través de los años la concentración en el parque Duarte de homosexuales y lesbianas. Los jóvenes, muchos de ellos, que residían en esa zona han cambiado de domicilio.
“Si yo hubiese tenido menos años, hace tiempo que ese espectáculo que se monta todas las noches en el parque Duarte hubiera desparecido”, dijo Roberto Guzmán.
Guzmán, de 47 años, reside en la calle Arzobispo Nouel. “Yo y otros amigos míos hubiésemos preparado “una bomba” química”.
Los parroquianos se retiran del parque Duarte un poco más allá de las cuatro de la madrugada.