LA HABANA. El presidente Barack Obama dijo al mundo hace unos días que restablecer los nexos diplomáticos con Cuba era la mejor manera de apoyar a las personas que propugnan por mayores libertades en la isla.
Menos de dos semanas después del anuncio, la distensión en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha puesto de cabeza a la sociedad civil que Obama espera fortalecer.
La posibilidad de que los antiguos adversarios de la Guerra Fría formen vínculos parece estar sacudiendo a los disidentes de línea dura, a la vez que entusiasma a los reformistas más moderados que quieren presionar al presidente Raúl Castro para que otorgue gradualmente más apertura a la ciudadanía.
Los disidentes tradicionales aseguran que se sienten traicionados por una nueva política estadounidense que busca negociar con un gobierno al que tanto
Washington como opositores respaldados por Estados Unidos trataron de debilitar durante décadas. A su entender, la distensión permitirá al gobierno de Castro seguir el camino de China y Vietnam, que mejoró la economía sin conceder grandes derechos ciudadanos a su población.
“Se ha equivocado el presidente Obama”, dijo Berta Soler, líder de las Damas de Blanco. “Cuba no va a cambiar mientras existan los Castro. Va a haber cambios favorables para el gobierno de Cuba pero no para el pueblo”.
Los moderados explican que el nuevo equilibrio de poder dentro del pequeño y fraccionado mundo de la oposición cubana producirá cambios políticos al ofrecer a Castro un tipo de relación que es difícil de rechazar.