Estados Unidos y la OTAN terminaron ayer formalmente su guerra en Afganistán luego de 13 años sangrientos.
El fin de la guerra se formalizó con una ceremonia tranquila de arriamiento de banderas en Kabul que marcó la transición de la lucha, de las tropas de combate lideradas por Estados Unidos a las propias fuerzas de seguridad del país.
La insurgencia afgana, entretanto, sigue siendo tan feroz y mortal como en cualquier otro momento desde la invasión de 2001 que derrocó al régimen talibán luego de los ataques del 11 de septiembre. A partir del 1 de enero, Estados Unidos pasará a tener un papel secundario con 13.500 soldados sobre el terreno, la mayoría estadounidenses.
Frente a una audiencia pequeña en la sede de la misión de la OTAN, la bandera verde y blanca de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) fue arriada y doblada ceremonialmente. Momentos después, fue izada la bandera de la nueva misión internacional, denominada Apoyo Decidido.