El trío se paró frente al lente del fotoperiodista. El roce de manos se producía ocasionalmente, pero el intercambio de miradas y de risas era continuo.

“Somos los Ocasio”, dijo Ángel A. Ocasio, el jefe de la familia.

El orgullo es evidente cuando habla de sus dos hijos, adoptados hace cuatro años. Denota que los conoce a la perfección y que el ambiente en y fuera de su hogar es de alegría y de concordia.

Ocasio reconoce, sin embargo, que su caso es atípico. Es un hombre soltero que optó por adoptar y cuando el Departamento de la Familia (DF) le presentó a uno de sus hijos, cuyo hermano también estaba bajo la custodia de la agencia, decidió poner en aprietos a Familia.

“Yo tenía que escoger a uno y cómo hago si los conozco a los dos”, recuerda que se preguntó el hombre que tiene su propio negocio.

“Y no pude vivir sin los dos desde el momento en que los conocí.  Ya a los cinco minutos yo decía (al Departamento de la Familia) ‘o los dos, o ninguno’. Dije no me voy a llevar a uno, sino a los dos”, continuó.


"Nunca tuve un papá como lo tengo ahora"

Dos niños narran cómo escaparon del maltrato y de la soledad tras ser adoptados por un hombre soltero


La administradora auxiliar de Cuidado Sustituto y Adopción del DF, Elsa Rodríguez, indicó que cuando se trata de hermanos liberados de su patria potestad, confrontan el reto de que una familia los adopte a todos. Explicó que la agencia busca que los hermanos no sean segregados, pero eso depende de la disponibilidad de los padres adoptivos y de la relación y el apego entre los hermanos.

La información más reciente suministrada por el DF indica que hay  224 solicitudes de adopción en el Registro Estatal Voluntario de Adopción, 187 de las cuales provienen de matrimonios y 37 de solteros.

Edwin Laniel y Shawn Antonio, los hijos de Ángel, son cómplices. Su hermandad es evidente y ahora con un padre, se trata de un verdadero clan.

“¡Miren qué guapos son! Guapos, ah. Siempre. Somos los Ocasio”, vocifera Ángel mientras sus hijos de once y trece años le miran sonreídos.

Shawn, el mayor de los chicos, no vacila en responder que “es lo mismo porque te cuidan” cuando este diario le preguntó si existía alguna diferencia entre su familia y las que observa fuera de su hogar.

“Desde el día que yo conocí a mi pai le dije ‘papi, te quiero’ porque nunca tuve un papá como lo tengo ahora”, soltó Edwin, el más pícaro de los hermanos.

“Me lleva de viaje y me cuida mucho. Nos quiere mucho. Nos educa”, continuó.

Ese amor, cuentan Los Ocasio, surgió y ha crecido desde el día en que una trabajadora social los presentó como parte inicial del proceso de adopción.

Ángel recordó que cuando llegó el momento de despedida, Edwin se aferró a una columna y comenzó a gritar “papi, no me dejes, papi , no me dejes”. “Yo no lo dejé. Me lo llevé y ella (la trabajadora social), tuvo que resolver porque desde ese momento han estado conmigo”, contó Ángel.

Cuando le presentaron a sus hijos, le dijeron todo sobre ellos. “Que tenían déficit de atención, que eran retraídos. Tan pronto yo los conocí eso no importó. Al extremo que a la semana de estar conmigo tuvimos una operación -de uno ellos- en Centro Médico. A Edwin hubo que llevarlo a varias evaluaciones”, relató. 

Superados los escollos, propios de la paternidad, los Ocasio disfrutan de la compañía mutua. Edwin describe como un “party” el día a día en el hogar. Pero, de inmediato, su padre le recuerda el lado no tan divertido, pero necesario.

“Hay que hacer las asignaciones, hay que estudiar, hay que lavar los platos, ayudar a lavar la ropa, hay que ayudar a lavar la ropa”, dijo Ángel en un tono serio mientras que Edwin a cada comentario respondía con un “también”. 

Los dos niños contaron que a veces se enojan como en toda relación familiar, pero dura cinco minutos “y ya estamos jugando”, indicó Edwin. Reconocieron que su vida dio un gran giro tras la adopción.

“Antes estábamos triste, sin alguien que nos quiera, pero cuando papi fue a buscarnos fue algo fuerte para mí porque antes (de la adopción) siempre estábamos solos. Siempre en una casa solo”, sostuvo Shawn, quien fue adoptado a los 8 años, mientras que Edwin tenía 6.

“Tengo muchos tíos”, agregó Edwin.

La vida de Ángel también cambió, pero Ángel recuerda que el deseo de cambios fue el motor de la adopción. “Realmente tenía unas necesidades del corazón. Soy padrino de seis jóvenes: grandes, chiquitos y de todos los tamaños. Y siempre han compartido conmigo. Tenía la tristeza de que cuando se iban (de la casa), yo me quedaba solo y entonces me surgió esa inquietud, (de adoptar)”, contó.

Por ocho años esperó hasta convertirse en el padre de Shawn y Edwin.  La Ley de Adopción de Puerto Rico, aunque no prohibe la adopción a personas solteras, da trato preferencial a los matrimonios, algo que será enmendado según lo ha anunciado el DF.

Shawn y Edwin describen a su padre como un ser “muy bueno”. Por eso, Shawn quiso enviar un mensaje a los padres que consideran la adopción: “que se atrevan. Estos niños (disponibles para adopción) necesitan el apoyo, el cariño de una persona que se lo pueda brindar. Que lo hagan no para que digan que adoptó sino porque realmente les nace del corazón”.