APUNTE.COM.DO.- La escena se desarrolló entre bastidores en Virginia Beach, el sábado previo a las elecciones intermedias: Hakeem Jeffries permanecía sentado a solas en una habitación. Estaba revisando el discurso que se disponía a dar, un texto del que ya había ofrecido versiones distintas en decenas de ocasiones, en toda clase de distritos complicados.
En un primer momento lo repasó en su mente; después movió los labios para articular las palabras y ensayó los ademanes que emplearía con las manos para subrayar las ideas.










