APUNTE.COM.DO.- El papa León XIV regresará al Perú en una visita apostólica programada del 11 al 16 de noviembre, según se ha anunciado. El viaje abarcará Lima, Chiclayo, Santa Cruz de Succhabamba, Cusco y Pucallpa, atravesando la costa, los Andes y la Amazonía peruana.
Para León XIV, este retorno tiene un significado especial. Antes de ser elegido pontífice, Robert Francis Prevost fue obispo de la diócesis de Chiclayo entre 2015 y 2023, donde desarrolló una parte fundamental de su ministerio episcopal. Su vínculo con el país se remonta a años de labor misionera y pastoral.
El pontífice ha expresado en diversas ocasiones su cercanía con la fe del pueblo peruano. En agosto de 2025, en un mensaje a los participantes de la “Semana Social del Perú”, habló de la “densidad de santidad” de esa nación, relacionándola con la oración, la caridad y el servicio a los más necesitados. No se trataba de una afirmación teórica, sino del testimonio de quien había convivido durante años con los peruanos.
La religiosidad popular peruana se articula en torno a una constelación de santos. Santa Rosa de Lima, primera santa de América canonizada, es una de las figuras más queridas del continente; su vida de oración, penitencia y caridad quedó arraigada en el alma de Lima. San Martín de Porres, fraile dominico, se convirtió en símbolo de la caridad y la cercanía con los pobres. San Juan Macías, también dominico de origen español, desarrolló en Lima una vida marcada por la humildad y el servicio. San Francisco Solano, franciscano misionero, recorrió extensas regiones de América del Sur predicando el Evangelio, llegando incluso a la actual Argentina, y se le recuerda haciendo sonar su violín.
A ellos se suma Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, gran organizador de la Iglesia americana y figura decisiva de la evangelización del Perú. León XIV le ha dedicado una atención especial este año con motivo del tercer centenario de su canonización. En una carta a los obispos latinoamericanos, el papa recordó su propia experiencia episcopal en el Perú y señaló que allí comprendió mejor lo que significa ser pastor. También destacó el celo evangelizador de Santo Toribio, su empeño por renovar la vida de la Iglesia y su cercanía con los pobres y vulnerables.
No es casual que estos cinco santos aparezcan unidos en la imagen oficial de la visita papal. Santa Rosa, Santo Toribio, San Martín de Porres, San Francisco Solano y San Juan Macías conforman una síntesis de la tradición católica peruana. Juan Pablo II ya había señalado durante su visita de 1985 que la evangelización del Perú había producido modelos ejemplares de santidad: la mística de Rosa de Lima, el amor a los pobres de Martín de Porres y Juan Macías, y el ardor misionero de Francisco Solano.
Francisco, en su visita de 2018, volvió a reunir esos nombres ante las reliquias de los santos peruanos veneradas en la Catedral de Lima. La oración papal mencionó la obra apostólica de Toribio, la oración, penitencia y caridad de Rosa y Martín, el celo misionero de Francisco Solano y el servicio humilde de Juan Macías. También incluyó una referencia al Señor de los Milagros, probablemente la devoción popular más reconocida internacionalmente del Perú.
Pero el Perú tiene muchos Cristos, y cada uno parece hablar el lenguaje de su pueblo. Entre los más famosos están el Señor de los Temblores, una escultura de Cristo crucificado venerada en Cusco, conocida por detener el terremoto de 1650; y el Señor de los Milagros, una pintura mural venerada en Lima que sobrevivió intacta al terremoto de 1655. Ambos son patronos contra sismos en el país.
La imagen del Señor de los Temblores de Cusco tiene un carácter particularmente conmovedor: con el paso de los siglos, el humo de los cirios y del incienso fue ennegreciendo la escultura, dándole una apariencia que la acercó aún más al pueblo andino. Se le conoce como Cristo Moreno y también como Cristo Indio. Su historia muestra cómo una imagen de origen europeo, americano o mestizo —según los distintos relatos y estudios— terminó integrándose a una identidad religiosa profundamente peruana.
Cuando León XIV llegue al Cusco, tendrá un encuentro con fieles y representantes de la piedad popular, en un gesto que subraya la importancia de esa religiosidad en la vida de la Iglesia peruana.