APUNTE.COM.DO.- En el segundo día de su visita a Uruguay, el papa León XIV se trasladó el sábado por la tarde al barrio Casavalle, en Montevideo, tras la misa que ofició en la mañana en Paysandú. Desde allí se dirigió a la Universidad Católica de Uruguay, donde centró sus mensajes en los altos índices de violencia y en el avance de la inteligencia artificial.
El pontífice relacionó la inseguridad, la pobreza y la muerte de menores en Casavalle con una responsabilidad que debe asumirse de manera conjunta entre la Iglesia, la comunidad civil y el Estado. Al visitar el barrio montevideano con la mayor tasa de homicidios del país, reclamó que ningún menor deje la escuela por temor ni pierda la vida a causa de la violencia.
Frente a unos 12.000 vecinos congregados ante la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, el papa bendijo las casas levantadas por el proyecto Familias de Guadalupe, que contó también con financiamiento de la asociación estadounidense The Papal Foundation. La visita se prolongó por una hora y forma parte de una gira de 12 días por Uruguay, Argentina y Perú.
Casavalle y las zonas aledañas presentan una tasa de homicidios de 41,7 por cada 100.000 habitantes, cuatro veces mayor que la nacional, de acuerdo con datos oficiales. Los enfrentamientos entre bandas armadas ligadas al narcotráfico explican el incremento de la violencia en un área donde los residentes denuncian tiroteos frecuentes.
El papa situó esa situación junto a la pobreza infantil, que afecta a cuatro de cada diez niños uruguayos según UNICEF. Desde un escenario instalado al aire libre junto a la parroquia, León XIV afirmó: "No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver".
Durante su alocución en el barrio, el pontífice cuestionó que un país que describió como rico en recursos mantenga a familias sin alimentos y a menores sin acceso a la educación. "Un hijo de este país no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles", declaró.
El papa completó ese planteamiento con una referencia explícita a las muertes violentas de menores. "Mucho menos debería sufrir violencia hasta el extremo de llegar a perder la vida", manifestó.
La visita incluyó un recorrido por una de las zonas de viviendas de chapa y calles de tierra del barrio, en compañía del arzobispo de Montevideo, el cardenal Daniel Sturla. León XIV se reunió con algunas de las familias beneficiarias de las 12 viviendas y expresó: "Que estas viviendas sean para sus familias mucho más que un techo: un verdadero hogar donde puedan crecer en dignidad, paz y esperanza".
Claudia, una enfermera de 33 años que prefirió no divulgar su apellido, describió a AFP la vida cotidiana en la zona. "Acá todo es cambiante, pasa de tranquilo a bravísimo en minutos", relató. La mujer narró un asesinato ocurrido frente a su vivienda: "Vino una moto y acribillaron a alguien. No sabés qué hacer cuando tus hijos ven un cuerpo tirado". Mario Tabárez, propietario de un taller de pintura situado a dos cuadras de la parroquia, indicó que durante la visita el barrio estuvo más calmado, aunque puso en duda que esa situación se mantuviera.
León XIV también aludió al testimonio de Katherine, quien le contó una historia de abusos, violencia y abandono. A partir de ese caso, pidió mantener la cercanía con quienes padecen y convocó a "trabajar unidos: la Iglesia, la comunidad civil y el Estado" por el bien común. "En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios asuntos", afirmó. Después llamó a "edificar juntos una patria de hermanos".
Más tarde, León XIV llevó su preocupación por la dignidad humana al ámbito educativo durante una intervención en la Universidad Católica de Uruguay, en Montevideo. Allí solicitó que las instituciones escolares y universitarias formen para un uso prudente de las tecnologías y de la inteligencia artificial.
Ante representantes del sector educativo, el pontífice declaró: "Es urgente que nuestra educación escolar y universitaria contribuya al uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica".
El papa definió el proceso de deshumanización como un reto para escuelas y universidades. En ese sentido, advirtió sobre una contradicción entre el desarrollo de los sistemas computacionales y el trato hacia las personas: "Mientras se atribuye inteligencia a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas".
También sostuvo que "la vida humana se respeta en todas sus fases y estados" y agregó: "Nadie puede ser rechazado". Al referirse a la educación católica, señaló que no puede proyectarse "en un circuito cerrado" y debe escuchar a las familias, la sociedad civil, las autoridades políticas y administrativas, los sectores productivos y las categorías laborales.