APUNTE.COM.DO.- El Estadio Centenario, recinto que es un símbolo del fútbol mundial, recibió al papa León XIV durante su segundo día en el país más laico del continente. Los uruguayos lo saludaron con el grito “¡Papa, León, te queremos un montón!”, que corearon mientras el pontífice recorría las tribunas de la cancha en su papamóvil.

El cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, aprovechó el escenario de la vigilia para plantear una metáfora futbolera: “Tener al papa entre nosotros es un golazo”, afirmó.

La celebración arrancó con la actuación de Lucas Sugo, un artista uruguayo muy popular. Fue un momento emotivo, pues hace poco falleció una hija suya, y todo el escenario lo ovacionó.

“Queridos hermanos y hermanas, querido Uruguay, buenas noches”, expresó León XIV al inicio de su homilía. Su saludo despertó a la multitud, que volvió a corear su nombre.

Durante su prédica, el papa elevó la voz para motivar al público. “Cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen”, arengó.

A lo largo de sus homilías, el pontífice ha mostrado el conocimiento que posee de Uruguay. En su discurso inicial, ante el presidente Yamandú Orsi, tomó la figura del prócer José Gervasio Artigas como hilo conductor para referirse a la familia, el trabajo y los cuidados frente a la enfermedad. En Paysandú habló del puente internacional que conecta esa ciudad uruguaya con Colón, de los palmares y del mate.

En el Estadio Centenario abordó otro rasgo que identifica al país: la secularización. Indicó que existe una “indiferencia religiosa cada vez más extendida” y que el avance de ese proceso lo viven “muchas comunidades cristianas”.

“En muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores y crece el número de quienes atraviesan buena parte de su vida sin una relación habitual con la Iglesia ni con la práctica religiosa. Los creyentes que peregrinan en Uruguay han tenido que aprender a vivir y anunciar su fe en ese escenario”, sostuvo.

En Uruguay, la Iglesia está separada del Estado desde 1919 y una minoría de la población se considera católica practicante.

La gira de León XIV por América Latina fue concebida para ir de menos a más. Uruguay es el país más laico del continente y los recorridos del pontífice no tuvieron la efervescencia que se espera en Argentina y Perú.

Una muestra de ello es que, a cuatro horas de la llegada del papa, el tránsito hacia el Estadio Centenario era muy tranquilo y la cancha apenas comenzaba a cubrirse de plásticos. Con el paso de los minutos, las tribunas se fueron llenando.

El registro previo de entradas había generado gran expectativa: había unas 60.000 en el Centenario y unos 6.000 acreditados.

La espera del papa transcurrió entre espectáculos teatrales y shows musicales. Los asistentes ensayaron algunos cantos para recibir a León XIV. También se escucharon testimonios.

Valentina, una joven de 20 años oriunda de Paysandú, la ciudad que el papa visitó durante la mañana del sábado, relató su historia. Su vida cambió hace tres años, cuando a su padre le diagnosticaron cáncer. Después, Valentina sufrió un accidente en el río de su ciudad en el que su cuerpo resultó con quemaduras en un 50%.

Mientras ella se recuperaba, su padre falleció. Eso hizo que se decepcionara de Dios. Ella, que se había aferrado a la fe, recibió esa mala noticia y se preguntó por qué le tocaba a ella. Luego llegó un diagnóstico peor: los médicos le dijeron que no había nada por hacer.

Sus allegados no dejaron de rezarle a San José. Tras 448 días internada, se recuperó. “Si estoy acá, totalmente sana, es literalmente gracias a Dios”, expresó.

Cuando el papa ya estaba en el escenario, escuchó el primer testimonio. Federica contó su historia de fe y, en particular, habló de los vacíos que sienten los jóvenes.

El siguiente fue Giovanni, un joven de 22 años, quien le contó que se siente solo al vivir su fe. Entre lágrimas, le preguntó cómo podía enfrentar esa realidad.

Por último, León XIV escuchó el testimonio de la familia Gutiérrez Hernández, que le preguntó, otra vez en clave futbolera: “¿En el partido de la vida cómo parar la pelota, levantar la mirada y jugarnos la camiseta?”.