APUNTE.COM.DO.- Los televisores del Trump National Doral Golf Club, en Florida, comenzaron a proyectar la derrota republicana cerca de las 20:00, hora local. En ese momento se subió el volumen y el amplio salón, decorado con tonos dorados, mármol, alfombras impecables y retratos de golfistas famosos, cambió de ambiente.
Los huéspedes y clientes del club apenas mostraron reacción. Un grupo de golfistas permanecía en la terraza del salón, mientras los camareros circulaban y seguían de reojo los resultados. Algunos de ellos se mostrarían sorprendidos por la derrota republicana, que aun así logró conservar un estado que desde 1994 elige para gobernador a una figura de ese partido. Byron Donalds superó al candidato demócrata por poco más de 100.000 votos, y Ashley Moody, respaldada por Marco Rubio, se impuso con menos comodidad de la esperada.
Afuera llovía por momentos y la noche estaba cerrada. La bandera estadounidense apenas flameaba. Los salones se veían semivacíos: solo algunos huéspedes, que pagaron entre 350 y 500 dólares por la noche, comían y bebían. No se percibía un clima electoral. En el hotel del presidente Donald Trump, su único propietario, era una noche más. La noche de la derrota.
Meses atrás, en marzo, el mandatario estadounidense reunió en uno de sus salones a buena parte de los líderes de la región durante el encuentro del Escudo de las Américas, concebido para la lucha contra el crimen organizado. Javier Milei participó. Algunos empleados recuerdan que avisó de manera amable que pagaría la cuenta de los refrigerios que consumió para algunas de las reuniones bilaterales. El hotel, con más de 600 habitaciones, amplios salones, varios restaurantes ahora despoblados y un reconocido campo de golf, está en refacciones. En poco más de un mes, en la segunda quincena de diciembre, recibirá a los presidentes más relevantes del planeta para la cumbre del G20. Se dice que integrantes de los servicios secretos de Rusia y China ya están instalados en el lugar. Para entonces, alquilar una habitación costará mucho más, por encima de los 2.000 dólares.
La familia Trump, incluido el presidente que acaba de ser derrotado en las elecciones de medio término y que perdió ambas cámaras, suele pasar por allí. El mandatario tiene un lugar exclusivo para él. Para acceder a una membresía en ese lugar, con entrada a Mar-a-Lago, a unos kilómetros, habría que pagar cerca de 1 millón de dólares. No es para cualquiera.
En el subsuelo del hotel hay una tienda con productos de MAGA, un restaurante reservado en el que solía comer Trump y que ahora está en refacciones, y cuadros con la imagen del mandatario. Uno de ellos, realizado con vainas de diversos calibres, fue regalado por Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño, con asilo en este país y hermano del ex candidato que acaba de llegar también a este estado.
En este estado, cuna del trumpismo, del secretario Rubio y de la jefa de gabinete de la administración, que se transformó en la base de operación política de la gestión presidencial, el Partido Republicano esperaba una elección de medio término mucho mejor que la de anoche. El triunfo ajustado de Donalds, que sucederá a Ron DeSantis —los republicanos mantienen la gobernación desde 1994—, y la victoria de la candidata al Senado, que acaba de perder la mayoría ante los demócratas, tuvieron una diferencia menor a la esperada. El gobernador incluso perdió en el condado de Miami-Dade. Un síntoma de época, del descontento con la economía y las políticas migratorias de la administración Trump.
Pasadas las 22:00, en el lobby del hotel había calma. Casi no se percibía clima electoral. Como si no hubiera pasado nada. Hay más ebullición en Washington. En poco más de un mes Trump estará con los principales líderes mundiales para el G20, si es que no se aparece antes.