APUNTE.COM.DO.- Luiz Inácio Lula da Silva afronta una situación delicada con el Supremo Tribunal Federal de Brasil, y el nombre que concentra esa tensión es el de Alexandre de Moraes. El juez, que en el pasado recibió reconocimiento por contener los intentos de Jair Bolsonaro de erosionar la democracia brasileña, se transformó en un dolor de cabeza político para el presidente reelecto justo cuando este se dispone a iniciar un nuevo mandato con la promesa de reconciliar al país.
Pocas horas después de que Lula venciera a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, en la segunda vuelta presidencial del domingo, Moraes ordenó al candidato perdedor entregar sus pasaportes. El magistrado argumentó que existía el riesgo de que el dirigente derrotado intentara abandonar el territorio nacional ante el avance de varias investigaciones penales en su contra.
La disposición se conoció apenas horas después de que el tribunal electoral proclamara a Lula como ganador de los comicios, y luego del intento fallido de Bolsonaro de impugnar los resultados. De acuerdo con diez personas cercanas a Lula y al Supremo Tribunal consultadas por Bloomberg, la decisión provocó un malestar generalizado y algunas de ellas la describieron como desastrosa.
El fallo irritó tanto al equipo de campaña de Lula como a otros jueces del propio tribunal, que venían trabajando para desactivar la confrontación con los simpatizantes de Bolsonaro, según las fuentes citadas por Bloomberg.
El momento escogido por Moraes resultó especialmente perjudicial. Al producirse apenas horas después de confirmado el triunfo de Lula, la orden le proporcionó al candidato derrotado un argumento para salir del país y presentarse como víctima de una persecución política, señalaron algunas de las fuentes consultadas. Las oficinas de Moraes y de Lula no respondieron a las solicitudes de comentarios de Bloomberg.
La disputa entre el máximo tribunal brasileño y el bolsonarismo se intensificó después de que Moraes ordenara la confiscación de los pasaportes de Flávio Bolsonaro tras el triunfo de Lula en el balotaje, en un momento en que el líder derrotado enfrenta múltiples causas penales. La medida reavivó entre los seguidores de Bolsonaro la percepción de que la Corte busca perseguir a su movimiento político, y ahondó la tensión dentro de una elección ya de por sí convulsa.
El nuevo Senado y la amenaza de juicio político
La tensión se agrava por un cambio significativo en la composición del Senado entrante, que debe confirmar los nombramientos a la Corte Suprema y que también puede destituir jueces mediante un mecanismo constitucional que nunca se activó desde el regreso de la democracia a Brasil.
El Partido Liberal de Bolsonaro, el más activo impulsor del juicio político contra jueces, obtuvo 29 de las 81 bancas del Senado. Según un relevamiento del diario Folha de S.Paulo, al menos 49 senadores que asumirán o continuarán en sus cargos el año próximo expresaron, con distintos grados de compromiso, su respaldo a la destitución de jueces de la Corte Suprema.
Esa cifra queda por debajo de los 54 votos necesarios para remover a un magistrado, pero refleja la presión política que enfrenta Moraes, principal blanco del movimiento liderado por Bolsonaro.
Una corte con poderes extraordinarios
La Corte Suprema de Brasil es una institución con un peso inusual en la política del país desde hace dos décadas, y su influencia suele desplazarse según el clima de opinión pública. El tribunal habilitó la detención de Lula en 2018, en medio de un escándalo de corrupción de gran magnitud, para luego anular sus condenas años después cuando el contexto político cambió. Durante la presidencia de Bolsonaro y en los años posteriores, se convirtió en el principal antagonista institucional de un mandatario que atacaba con frecuencia a las instituciones democráticas y difundía afirmaciones falsas sobre el sistema electoral.
Durante los últimos siete años, ningún juez ejerció esos poderes con la contundencia de Moraes, una figura considerada por millones como clave para la defensa de la democracia y, al mismo tiempo, señalada por sus críticos como ejemplo de la disposición del tribunal a forzar la ley para ampliar su propia autoridad.
Lula, quien en un principio se benefició de las acciones de Moraes contra Bolsonaro y sus aliados, mostró cada vez más incomodidad con el magistrado y recibe presión creciente para distanciarse de él, de acuerdo con personas al tanto de su pensamiento. Algunos de sus asesores consideran que debería haber actuado antes y con mayor firmeza para separar a su gobierno de las controversias del tribunal, en particular después de que surgieran vínculos entre Moraes y Daniel Vorcaro, fundador del Banco Master, entidad en el centro de la mayor investigación por fraude bancario de Brasil.
Aunque otros jueces también fueron mencionados en relación con Vorcaro, el estilo confrontativo de Moraes y su uso sin restricciones de las amplias facultades del tribunal lo convierten en el primer blanco de los seguidores de Bolsonaro.
Una reforma judicial difícil de evitar
La modificación del funcionamiento de la Corte Suprema requiere una enmienda con el aval de tres quintos de los votos en ambas cámaras del Congreso.
Consultado durante la campaña, Lula manifestó respaldo a reformas en el máximo tribunal que podrían incluir mandatos fijos para los jueces y criterios más específicos para la elección de nuevos integrantes.