APUNTE.COM.DO.- A los 12 años, Carlos Jorge tuvo que aprender a extrañar a su madre. Mientras otros prospectos abandonaban los fines de semana sus complejos para reunirse con sus familiares, el jardinero central de los Gigantes del Cibao aguardaba una visita que en ocasiones tardaba meses. Instalado en Boca Chica, lejos de su Puerto Plata natal, contaba el tiempo sin saber cuándo podría volver a abrazar a Maricarmen Ventura.

Sus padres lo dejaron en un programa de desarrollo de peloteros cuando todavía era un niño. Hasta ese momento se había criado con sus abuelos, mientras sus progenitores trabajaban para sostener el hogar y cubrir las necesidades de sus otros hijos.

“Era una situación difícil porque todos mis compañeros se iban los fines de semana y yo me quedaba solo con los entrenadores. Luego me fui acostumbrando, pero los primeros días fueron muy complicados para mí. Ellos no tenían una buena condición económica y esa era la razón principal por la cual no podían ir a verme siempre”, relató Jorge en una conversación exclusiva con Listín Diario.

En sus primeros años no comprendía por qué sus padres no podían acompañarlo. Les reclamaba esas ausencias que, desde su mirada de niño, resultaban difíciles de entender. Llegó a pasar seis o siete meses sin verlos, y en algunas ocasiones las visitas se limitaban a una vez al año.

Sus padres trataban de explicarle que la larga distancia entre Boca Chica y Puerto Plata complicaba los viajes para compartir apenas unas horas con él, pero esa explicación no aliviaba la distancia emocional.

Con el paso del tiempo, Carlos se fue adaptando a esa realidad. No quiere decir que dejara de extrañar a su familia, sino que aprendió a convivir con la ausencia mientras perseguía la meta de convertirse en pelotero profesional.

Años más tarde, esa historia tomó otro significado. En 2021, Jorge recibió un bono de firma de US$495,000 de los Rojos de Cincinnati. Una parte de ese dinero se transformó en una manera de retribuir los sacrificios de su familia: edificó una casa para su madre en Puerto Plata y guardó el resto para hacer frente a cualquier eventualidad.

La distancia que marcó su infancia no derivó en resentimiento. Al contrario, cuando tuvo la oportunidad de ayudar a los suyos, Carlos procuró que su familia contara con mayor seguridad.

“Yo le dejé saber a todos que yo iba para viejo y que tenía que mudarme, pero de todos modos le hice su casa a mi madre en Puerto Plata y básicamente cumplí con todos allá”, explicó.

El muchacho que esperaba durante meses una visita familiar ahora podía ofrecerle a su madre algo más que un reencuentro: un hogar levantado con el fruto de aquella oportunidad por la que tuvo que marcharse siendo apenas un niño.

En su segunda participación en la pelota dominicana, Jorge ha tenido un arranque discreto con el bate. En su primer turno de la temporada conectó un cuadrangular, que hasta el momento sigue siendo su único extrabase en ocho partidos. Su promedio de bateo es de .111, con apenas dos imparables, incluido el jonrón.

El jardinero valoró de manera positiva el ambiente que se respira en la cueva de los nordestanos. Señala que ha sacado mucho provecho de los consejos de jugadores veteranos como Marcell Ozuna y Leury García.

“Es algo que le puedo sacar bastante provecho porque ellos son jugadores provados. Me explican algunas cosas que hice el año pasado que no debo de repetirlas. Una de ellas es tomar con calma el juego”, manifestó Jorge Ventura.

Sobre la posibilidad de regresar a las Grandes Ligas en la siguiente campaña, Carlos indica que “solo se preocupa en hacer bien su trabajo”. También destacó el nivel de juego que existe en las mayores, principalmente la calidad de los lanzadores y la velocidad de los pitcheos.