APUNTE.COM.DO.- Arrojar desperdicios en calles, aceras y parques es una muestra de irrespeto hacia la comunidad y hacia las personas que trabajan para mantener limpios los espacios públicos.
La limpieza no depende únicamente de las brigadas municipales. También requiere que cada ciudadano guarde sus desechos y los deposite en un zafacón.
Los adultos tienen una responsabilidad especial, porque sus acciones sirven de ejemplo a niños y jóvenes. Recoger un desperdicio y colocarlo en el recipiente adecuado es un gesto de civismo; tirarlo en la calle afecta a todos.
Comentario de Ramiro Estrella, periodista y abogado, director ejecutivo de Apunte.com.do:
“Una ciudad más limpia comienza con el respeto de cada ciudadano. Quien arroja basura en la calle afecta el entorno común y deja a otros la tarea que pudo evitar con una acción sencilla”.