APUNTE.COM.DO.- El refrán “Árbol que nace torcido, jamás su rama endereza” forma parte de la sabiduría popular y se emplea para describir a quienes mantienen una conducta o unos hábitos que parecen difíciles de corregir.

La imagen del árbol sugiere que la formación recibida desde la infancia puede dejar huellas profundas. La familia, la educación y el entorno influyen en la manera de pensar y actuar. Por eso, cuando una persona repite durante años una conducta perjudicial, cambiarla puede exigir tiempo, esfuerzo y apoyo.

La expresión también se utiliza para señalar que algunas personas muestran desde temprano una inclinación a actuar de determinada manera. Sin embargo, aplicada sin reflexión, puede convertirse en una etiqueta que condena a alguien a repetir sus errores y le niega la posibilidad de mejorar.

La vida demuestra que las personas pueden revisar sus decisiones, aprender de sus experiencias y adoptar nuevas formas de relacionarse. Reconocer una falla es un primer paso; sostener el cambio requiere voluntad, responsabilidad y, en ocasiones, orientación de otras personas.

Por eso, el refrán puede entenderse como una advertencia sobre la fuerza de los hábitos, pero no como una verdad absoluta. El pasado influye, aunque no tiene que determinar por completo el futuro.

Comentario de Ramiro Estrella, periodista y abogado, director ejecutivo de Apunte.com.do

Los refranes transmiten experiencias acumuladas, pero también debemos interpretarlos con sentido crítico. Una persona no está obligada a permanecer atrapada en sus errores: puede aprender, corregir su rumbo y demostrar con sus actos que el cambio es posible.