APUNTE.COM.DO.- Hace aproximadamente 11 millones de años, una vasta extensión de agua salobre ocupaba el paisaje de Eurasia. El lago Paratetis abarcaba desde los Alpes orientales hasta lo que hoy es Kazajistán, con una superficie cercana a los 2,8 millones de kilómetros cuadrados, superior a la del mar Mediterráneo en la actualidad.
De acuerdo con la investigación científica, en su máxima expansión este megalago acumuló más de 1,77 millones de kilómetros cúbicos de agua salobre, un volumen que supera en más de diez veces la cantidad de agua que contienen hoy todos los lagos del planeta, tanto dulces como salados.
Su gran tamaño y su condición de cuerpo de agua aislado propiciaron el surgimiento de un ecosistema particular, con moluscos, crustáceos y mamíferos marinos que se adaptaron a esas condiciones. No obstante, su historia también incluyó sequías y retrocesos severos que disminuyeron de manera notable su extensión y modificaron el territorio que hoy corresponde a parte de Europa y Asia Central.
El lago Paratetis no se encontró como un cuerpo de agua preservado en el terreno, sino que fue reconstruido a partir de vestigios geológicos de un sistema que existió durante el Mioceno tardío. Un equipo internacional dirigido por el geocientífico Dan Palcu examinó fósiles, capas de sedimentos y registros de antiguas fluctuaciones del nivel del agua en la zona del actual mar Negro, que ocupaba la cuenca central de aquel megalago.
El trabajo, publicado en 2021 en la revista Scientific Reports, combinó observaciones sedimentológicas con magnetoestratigrafía, una técnica que permite datar estratos a partir de los cambios de polaridad del campo magnético terrestre que quedan registrados en las rocas. Los investigadores analizaron en especial una secuencia de sedimentos de unos 500 metros en cabo Panagia, en la península rusa de Tamán, donde hallaron indicios de varias caídas sucesivas del nivel del agua.
Con esa información, el equipo desarrolló un modelo paleogeográfico tridimensional para estimar la extensión y el volumen que llegó a tener el megalago Paratetis. Según el estudio, cubrió más de 2,8 millones de kilómetros cuadrados y almacenó más de 1,77 millones de kilómetros cúbicos de agua, una cifra que equivale a más de diez veces el volumen conjunto de todos los lagos actuales del planeta.
“Las desecaciones parciales de los megalagos coinciden con cambios climáticos, de la red trófica y del paisaje en toda Eurasia”, indicaron los autores en Scientific Reports, si bien advirtieron que los mecanismos que provocaron esos episodios todavía no se conocen con exactitud.
La desaparición del lago Paratetis no fue repentina. Su extensión empezó a reducirse durante el Mioceno tardío, cuando el levantamiento de las cordilleras de Europa central lo aisló del océano global. Esa desconexión convirtió al antiguo mar en una cuenca cerrada, cuya estabilidad dependía del equilibrio entre las lluvias, el aporte de los ríos y la evaporación.
De acuerdo con el estudio, ese equilibrio se modificó en varias ocasiones entre hace 9,75 y 7,65 millones de años. Los cambios climáticos condujeron a etapas de mayor aridez en Eurasia, con menos precipitaciones y una evaporación superior al agua que llegaba por los ríos. Como consecuencia, el nivel descendió en cuatro fases principales.
La última fue la más severa. Durante el denominado Gran Secado Khersoniano, ocurrido entre hace unos 7,9 y 7,65 millones de años, el nivel del agua bajó más de 250 metros. El lago perdió cerca del 70% de su superficie y un tercio de su volumen, por lo que quedó fragmentado en cuencas más pequeñas. Las zonas periféricas recibieron aportes de agua dulce, mientras la cuenca central, que corresponde en parte al actual mar Negro, acumuló sales y se volvió más salina.
La retracción impactó a la fauna que había evolucionado en esas aguas aisladas. Varios organismos endémicos se extinguieron y los paisajes que antes cubría el lago se transformaron en áreas de estepa y terrenos abiertos.
El sistema atravesó periodos de recuperación y volvió a ganar agua. Sin embargo, según la reconstrucción citada por la revista Science, hace entre 6,7 y 6,9 millones de años la erosión abrió una salida en el borde sudoeste de la cuenca. El agua empezó a drenar hacia el Mediterráneo, un proceso que marcó el final del Paratetis como el mayor lago conocido en la historia geológica de la Tierra.