APUNTE.COM.DO.- La Operación Deepscan, la búsqueda más grande y sofisticada organizada para encontrar al legendario monstruo del lago Ness, concluyó sin resultados en octubre de 1987. El periodista de BBC Mundo Clive Ferguson resumió el desenlace con una frase: “Si algo ha demostrado la Operación Deepscan, es que no se puede acabar con una leyenda con la ciencia”.
Durante siete días, veinticuatro embarcaciones se alinearon para rastrear el lago escocés, cada una equipada con un sonar de última generación que proyectaba una pared de sonido hasta las profundidades. A lo largo de 37 kilómetros del espejo de agua, la flota exploró las profundidades con su red sónica, mientras los científicos analizaban sus cartas náuticas en busca de cualquier señal reveladora.
Hubo momentos de euforia, ya que en tres ocasiones el sonar detectó la presencia de algo grande que se movía en las aguas, cerca de las ruinas del castillo Urqhart, pero sin poder determinar de qué se trataba. “Creo que si consiguiéramos un pez del tamaño que sugieren los contactos, nadie quedaría demasiado insatisfecho y todos esos testigos obtendrían la confirmación de sus afirmaciones”, declaró después a Ferguson el líder del proyecto impulsado por la organización Loch Ness Exploration, Adrian Shine.
El primer registro de la existencia del monstruo de Loch Ness es un escrito de un monje de la Edad Media donde asegura haber avistado “una bestia acuática” en el lago. En el siglo XX, a lo largo de las décadas, científicos y aficionados intentaron sin éxito probar la existencia de Nessie, casi siempre descripto como un animal acuático de apariencia similar a la de una gran serpiente marina o de un plesiosaurio sobreviviente a la extinción de la especie.
Antes de la Operación Deepscan, la búsqueda más grande había sido la realizada en 1972 por la Oficina de Investigación del Lago Ness. En aquella ocasión, no se encontró ningún rastro del supuesto monstruo, por lo que se la consideró un fracaso. Para no caer en la misma conclusión frustrante, los responsables de Deepscan prefirieron decir oficialmente que la existencia del monstruo no había quedado probada, una fórmula que permitió mantener una luz de esperanza.
Lo que sí está probado es que la leyenda de Nessie ha dado lugar a no pocos fraudes y que el resurgimiento durante el siglo pasado se debió a una maniobra de la que participaron un cirujano militar prestigioso, un cazador famoso y un escultor ignoto, potenciada por su repercusión en la prensa sensacionalista.
La mañana del sábado 21 de abril de 1934, los lectores del Daily Mail se desayunaron con una foto que parecía salida de otro tiempo o de otro planeta: de las aguas de un lago escocés emergía la cabeza de un monstruo que parecía una serpiente marina. Eran tiempos en que para casi todo el mundo lo que se veía en una foto no podía ser otra cosa que la verdad y la frase “una imagen vale más que mil palabras”, acuñada por el publicista estadounidense Fred R. Barnard, era relativamente reciente. Por si fuera poco, el Mail, como familiarmente lo llamaban sus lectores londinenses, anunciaba con grandes letras que la fotografía había sido tomada dos días antes por un respetado cirujano británico, un hombre cuya credibilidad estaba fuera de toda duda.
El diario no publicaba el nombre del cirujano, Robert Wilson, que además era coronel del Ejército, pero contaba que el hombre había capturado la imagen del extraño animal muy temprano a la mañana mientras iba al volante de su auto por el camino que bordeaba la costa del Lago Ness, en Escocia. El propio médico le contó a uno de los editores del Daily Mail que mientras manejaba había visto algo que se movía en el agua, que entonces detuvo su vehículo y sacó la foto con una cámara que casualmente llevaba con él. Luego de la publicación, todo el Reino Unido hablaba de la “foto del cirujano”, la primera prueba material e irrefutable de que la antigua leyenda de la existencia de un monstruo en el Lago Ness era cierta.
Los propios periodistas del diario fueron los primeros en creer la historia de Wilson, porque desde hacía un año, el Mail andaba a la caza de una imagen del monstruo, un ser de cuya legendaria existencia se hablaba desde hacía más de un milenio. La leyenda se había reavivado el 2 de mayo de 1933, cuando apareció un artículo del periodista Alex Campbell en el periódico escocés Inverness Courier. El cronista reproducía el relato de un matrimonio que aseguraba haber avistado a una gran criatura en las aguas del lago. Según los supuestos testigos, “la criatura se divertía, dando vueltas y zambulléndose durante un minuto entero, con un cuerpo que recordaba al de una ballena, y el agua cayendo en cascada y agitándose como un caldero hirviendo”.
La historia resultó creíble porque quienes habían avistado a Nessie eran Aldie Mackay, gerente del hotel Drumnadrochit, y su esposa, vecinos respetados del lugar. Tres meses después, el Inverness Courier publicó la carta de un tal George Spicer, un turista londinense en Escocia que afirmaba haber visto al monstruo, pero en tierra. “Vi lo más parecido a un dragón o animal prehistórico que he visto en mi vida. Cruzó la ruta unos cincuenta metros más adelante y parecía llevar un pequeño cordero o algún otro animal”, contó.