APUNTE.COM.DO.- Guardar silencio durante una discusión puede ser una forma de evitar palabras dichas con enojo. Sin embargo, si se prolonga y se usa para ignorar o castigar a la otra persona, puede aumentar la tensión y dificultar la solución del problema.
La psicología distingue entre hacer una pausa para recuperar la calma y recurrir al llamado “tratamiento del silencio”. En una entrevista difundida por la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), el psicólogo de parejas Anthony Chambers señaló que dejar de hablarle a la pareja como forma de manejar un conflicto no es una respuesta adecuada.
Estudios sobre la comunicación en las relaciones indican que retirarse de una conversación puede tener distintos efectos según el contexto. En algunos casos ayuda a bajar la intensidad del desacuerdo; en otros, el silencio persistente puede impedir que las partes expresen sus preocupaciones y busquen una solución.
Una pausa saludable puede comunicarse con claridad: “Estoy muy alterado ahora; necesito calmarme y luego retomamos esta conversación”. Así, la persona explica por qué guarda silencio y deja establecido que volverá a hablar del asunto.
La clave está en que el silencio no se convierta en una herramienta de desprecio, control o evasión. Escuchar, expresar lo que se siente sin ofender y retomar el diálogo cuando haya más calma puede ayudar a que una diferencia no se transforme en una ruptura.
Comentario de Ramiro Estrella, periodista y abogado, director ejecutivo de Apunte.com.do:
Callar a tiempo puede evitar una ofensa, pero guardar silencio para herir al otro no resuelve el conflicto. La prudencia también consiste en explicar que se necesita una pausa y tener la voluntad de regresar al diálogo. Las diferencias se enfrentan mejor con respeto, escucha y palabras oportunas.
Fuentes consultadas: Asociación Estadounidense de Psicología (APA) y estudios sobre comunicación en conflictos de pareja.