APUNTE.COM.DO.- Hace unos días tuve la oportunidad de participar en Barcelona en el Barcelona NIT Fòrum Internacional, un espacio de intercambio sobre uno de los temas que, a mi entender, debemos comenzar a mirar con mayor atención en la República Dominicana: la economía nocturna y su capacidad para generar empleos, inversión, turismo y nuevas oportunidades para nuestras ciudades.

La experiencia me confirmó algo importante: cuando hablamos de economía nocturna no estamos hablando solamente de bares, restaurantes o entretenimiento. Estamos hablando de una ciudad que continúa produciendo, trabajando y ofreciendo servicios después de que termina la jornada laboral tradicional.

Restaurantes, comercios, actividades culturales, teatros, conciertos, gimnasios, farmacias, transporte, servicios de salud, seguridad, logística, supermercados y emprendimientos forman parte de un ecosistema económico que puede extender la vida productiva de una ciudad y generar oportunidades en horarios que tradicionalmente hemos desaprovechado.

Y cuando pienso en las posibilidades de este modelo para la República Dominicana, pienso inmediatamente en el Distrito Nacional.

Una capital que puede producir durante más horas

Santo Domingo concentra una parte importante de la actividad comercial, empresarial, gastronómica, cultural y turística del país. Tenemos restaurantes de primer nivel, una importante oferta hotelera, centros comerciales, espacios culturales, universidades, parques, instalaciones deportivas y zonas con enorme potencial.

Sin embargo, una parte considerable de esa infraestructura reduce significativamente su actividad al finalizar el día.

Ahí existe una oportunidad.

La economía nocturna plantea una idea sencilla: si logramos que una ciudad funcione de manera organizada, segura y eficiente durante más horas, también podemos ampliar las oportunidades de producir, consumir, trabajar y emprender.

La experiencia internacional demuestra la dimensión que puede alcanzar esta actividad cuando existe planificación. En Londres, por ejemplo, las autoridades estiman que más de un millón de personas trabajan en horario nocturno y que la economía vinculada a la actividad entre las 6:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana aporta más de £139 mil millones anuales a la capital británica. (London City Hall)

Otro dato resulta especialmente interesante: aproximadamente una de cada cuatro libras gastadas presencialmente en los centros comerciales y zonas urbanas de Londres se consume durante el horario nocturno. (London City Hall)

No pretendo trasladar esas cifras ni ese modelo automáticamente a Santo Domingo. Son ciudades con dimensiones y realidades distintas. Pero sí podemos aprender de un principio que resulta aplicable a cualquier gran ciudad: extender de manera organizada la actividad urbana puede ampliar la capacidad económica de los mismos espacios e infraestructuras que ya tenemos.

Más actividad significa más oportunidades

Imaginemos por un momento algunas zonas del Distrito Nacional con una oferta nocturna mejor estructurada.

Una Ciudad Colonial con mayor programación cultural y comercial en determinados horarios; un Malecón que combine gastronomía, deporte, cultura y entretenimiento; sectores comerciales donde ciertos establecimientos puedan extender sus operaciones; museos y espacios culturales con actividades especiales durante la noche; parques utilizados para eventos organizados; y corredores gastronómicos y turísticos conectados mediante transporte seguro.

Cada hora adicional de actividad económica puede representar nuevas oportunidades para camareros, cocineros, comerciantes, taxistas, conductores, artistas, técnicos, personal de seguridad, trabajadores de mantenimiento, suplidores, emprendedores y cientos de pequeñas y medianas empresas.

También puede representar una oportunidad particularmente importante para jóvenes que estudian durante el día y necesitan horarios laborales alternativos, así como para personas que buscan una segunda fuente de ingresos.

Pero hay algo fundamental: economía nocturna no puede significar desorden nocturno.

La noche también se gestiona

Ese fue precisamente uno de los grandes aprendizajes que me dejó el foro de Barcelona.

Una ciudad nocturna competitiva necesita planificación.

Necesita iluminación adecuada, seguridad, transporte, regulación inteligente, manejo del ruido, limpieza, estacionamientos, convivencia entre establecimientos y residentes, protocolos de emergencia y coordinación permanente entre autoridades, comerciantes y comunidades.

El reto, por tanto, no consiste simplemente en extender horarios.

Consiste en crear las condiciones para que esa extensión genere actividad económica sin sacrificar el descanso, la seguridad ni la calidad de vida de quienes residen en esas zonas.

Las experiencias internacionales muestran precisamente esa evolución. Londres, por ejemplo, ha incorporado la actividad nocturna a su planificación urbana y continúa revisando temas como transporte nocturno, licencias, seguridad, condiciones laborales y coordinación institucional. (London City Hall)

Eso nos deja una enseñanza importante para Santo Domingo: la noche debe ser gestionada como parte integral de la ciudad.

Una oportunidad para el Distrito Nacional

Creo que ha llegado el momento de iniciar esta conversación en la República Dominicana y particularmente en nuestra capital.

No necesariamente pensando desde el inicio en convertir todo Santo Domingo en una ciudad 24 horas, sino identificando zonas piloto, corredores y actividades específicas donde podamos comenzar a desarrollar una economía nocturna organizada.

Podríamos identificar sectores con vocación gastronómica, cultural, turística, deportiva y comerci