APUNTE.COM.DO.- A sus 66 años, Esther Morales Guzmán, nacida en un pueblo de Oaxaca que describe "como de cuento", asegura tener "mucha fortaleza, mucha energía" para continuar su labor. Cada semana prepara espagueti, frijoles, arroz y guisados en grandes ollas, y luego recorre en su automóvil las calles de Tijuana, ciudad fronteriza, para entregar "comida calientita" en albergues que atienden a migrantes en tránsito o deportados.

Según relata a CNN, el porvenir es incierto tanto para ella como para miles de migrantes, debido a la situación actual en Estados Unidos, cuyo Gobierno lleva casi dos años ejecutando una ofensiva migratoria masiva para detener y deportar a indocumentados, muchos de ellos enviados a México incluso sin ser mexicanos.

Morales Guzmán afirma que no piensa rendirse. Como migrante que vivió décadas en territorio estadounidense y que fue deportada por última vez en 2010, conoce lo que significa pasar hambre o tener que cambiar de refugio periódicamente. Por eso asegura: "voy a seguir adelante hasta que ya no pueda, hasta que ya de plano no haya nada".

"Tenemos que seguir porque ¿qué va a ser de esa gente? ¿A dónde va a ir esa gente?", agrega.

Su historia refleja el fenómeno histórico de la migración entre México y Estados Unidos. A finales de la década de 1980 salió de su pueblo en Oaxaca rumbo a la Ciudad de México para trabajar con una familia. Además de ese empleo, montó un negocio de tortas para aumentar sus ingresos, pero las ventas no marchaban bien.

En ese momento todos sus hermanos ya residían en Estados Unidos, así que decidió emigrar también. Uno de ellos le entregó un croquis del apartamento en Los Ángeles donde vivían y le indicó cómo llegar a Tijuana, ciudad mexicana fronteriza desde donde tendría que cruzar.

Fue en 1989 cuando Esther logró cruzar por primera vez a Estados Unidos. Cada cierto tiempo regresaba a Oaxaca y volvía a cruzar. Reconoce que siempre lo hizo sin papeles, pues en aquel entonces era más sencillo y no existía el control migratorio que prevalece hoy.

Su única hija nació en Los Ángeles en 1993 y, gracias a su trabajo en Estados Unidos, pudo independizarse de sus hermanos y rentar un apartamento propio. El "sueño americano" parecía cumplido: madre e hija vivían en paz, construían una vida juntas, celebraban cumpleaños y compartían tiempo con la familia.

Pero entonces, según contó Guzmán Morales a Humanizando la Deportación, proyecto originado en la Universidad de California en Davis, "empecé con los problemas de las deportaciones".Migrantes procedentes de Centroamérica caminan en caravana el viernes 25 de septiembre de 2026, en Tapachula, estado de Chiapas, ubicado en el sur de México.20260826-immigration-tracker.jpgDos voluntarios de la fundación Ambulancia del Deseo posan frente a la ambulancia en la ciudad de Rosario, Argentina.Esther posa para una foto en La Antigüita frente a un letrero que dice De izquierda a derecha: un niño de 8 años, uno de 9 y otro de 13 comparecen ante un juez de inmigración sin abogado. El niño de 13 años, llamado Ángel, fue deportado de Estados Unidos.La señora Esther sube al albergue Embajadores de Jesús, el más lejano a la zona centro de Tijuana.La ayuda de Esther también abarca ropa, que consigue a través de donaciones de personas que conocen su labor.Un grupo de migrantes espera en fila tras llegar desde Texas para recibir asistencia humanitaria el 10 de agosto de 2022 en Nueva York.Esther Morales Guzmán junto a la camioneta para la iniciativa de Transporte Migrante. El pago inicial para comprarla salió de sus propios recursos. Esther junto a sus perros, los fieles acompañantes de su vida.