APUNTE.COM.DO.- Adolescentes franceses se enfrentaron el martes a la policía en varias ciudades del país, en el marco de bloqueos escolares que se intensificaron tras más de una semana de reclamos. Los choques dejaron decenas de detenidos y heridos, y coincidieron con una huelga sindical nacional contra el presupuesto del gobierno.

Los alumnos de los lycées —centros donde jóvenes de entre 15 y 18 años cursan los últimos tres años de secundaria— protestan por los horarios extensos, el tamaño de las clases, la escasez de profesores y el calor sofocante en las aulas tras las recientes olas de calor. El movimiento comenzó la semana pasada en la región de Île-de-France, en torno a París, y desde entonces se propagó a ciudades como Lille, Nantes, Marsella, Burdeos, Lyon y Rennes.

En Lille, un grupo de manifestantes con el rostro cubierto se congregó frente al instituto César Baggio, donde incendió contenedores de basura y causó destrozos en paradas de autobús y carteles publicitarios. Además, arrojó botellas, adoquines y otros elementos contra los efectivos, que repelieron la acción con gases lacrimógenos.

Nantes fue otro de los puntos con incidentes, donde los manifestantes amontonaron contenedores para impedir el ingreso al instituto Gabriel Guist’hau. En París, la policía mantuvo un tenso cruce con 30 alumnos frente al instituto Arago, mientras que en un centro de las afueras los docentes formaron un cordón para resguardar a los jóvenes del despliegue policial.

En el liceo Lamartine, también en la capital, cerca de 80 estudiantes se concentraron con pancartas que denunciaban tener “más horas de clase que de sueño” y cuestionaban: “de 8.00 a 18.00: ¿somos alumnos o estamos detenidos?”. Una alumna de 17 años del establecimiento, que pidió mantener el anonimato, expresó: “También estamos aquí para apoyar a nuestros profesores, que tienen una carga de trabajo desmesurada en comparación con lo que ganan”.

En Rennes, un centenar de estudiantes del liceo Bréquigny —el más grande de Bretaña— lanzó objetos contra la fachada de su establecimiento. Se registraron episodios similares en Marsella y Burdeos.

Seine-Saint-Denis, un suburbio parisino de bajos recursos, fue escenario de una de las concentraciones más numerosas: cientos de alumnos se reunieron frente al instituto Paul-Éluard y, cuando la multitud creció, agentes con escudos antidisturbios golpearon con sus porras a varios manifestantes y a un periodista. Victoire, una estudiante de 16 años de ese centro, denunció que las condiciones del establecimiento eran “insalubres” y afirmó: “Nosotras, las hijas de los suburbios, estamos abandonadas y descuidadas”.

El balance oficial de la jornada, difundido por el Ministerio de Educación, contabilizó 400 establecimientos con protestas o alteraciones sobre un total de 3.700 en todo el país. De ese total, 40 permanecieron bajo bloqueo efectivo y otros 44 registraron intentos de bloqueo. Se reportaron 40 arrestos y 10 personas heridas entre alumnado y personal educativo, cifras que se sumaron a las informadas un día antes por el Ministerio del Interior: 164 detenciones y 180 centros con incidentes durante el lunes.

La protesta estudiantil se desarrolló en paralelo a una jornada de movilizaciones convocada por los sindicatos en rechazo al proyecto de presupuesto impulsado por el primer ministro Sébastien Lecornu, aliado cercano del presidente Emmanuel Macron. El plan contempla recortes del gasto público por 54 millones de euros. Según los gremios, unas 300.000 personas marcharon en distintas localidades de Francia, incluidas 30.000 en la capital. A la medida adhirió cerca de uno de cada diez maestros, mientras miles de bomberos protestaron en París y el transporte público no registró mayores alteraciones.

Lecornu había advertido el lunes que cualquier escalada de las movilizaciones sería “irresponsable” y responsabilizó al partido de extrema izquierda Francia Insumisa (LFI) de alentar los disturbios. Su líder, Jean-Luc Mélenchon, respondió en la red social X: “Los estudiantes de secundaria que protestan son inofensivos. El gobierno de Lecornu ha ordenado una represión. Esta brutalidad es irresponsable y tiene un claro trasfondo racista”. El primer ministro calificó esa intervención de imprudente y definió como “un insulto” la acusación de racismo.

(Con información de AFP y EuroNews)