APUNTE.COM.DO.- Un Brasil marcadamente polarizado acudirá a las urnas este domingo para decidir entre dos proyectos de país contrapuestos, representados por el presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva y el senador de derecha Flavio Bolsonaro.

Estos son los puntos centrales que se juegan en la jornada electoral:

¿Resistir la izquierda o sumarse al giro hacia la derecha?

En los últimos años, América Latina ha experimentado un viraje acelerado hacia la derecha, reflejado en los procesos electorales de Argentina, Chile, Bolivia, Colombia y Perú. Un triunfo de Lula preservaría a Brasil como un bastión relevante de la izquierda regional, junto con México, mientras que una victoria de Flavio Bolsonaro alinearía al país con la tendencia regional predominante.

Oliver Stuenkel, profesor de la Fundación Getulio Vargas, minimizó el peso de la ideología en las relaciones regionales y la calificó de más "retórica que sustantiva". Lula, un líder veterano y pragmático, mantiene vínculos normales con los mandatarios de derecha de Chile, Bolivia y Paraguay. Incluso los lazos con Argentina, socio estratégico cuyo presidente libertario, Javier Milei, ha cuestionado a Lula, apenas han variado, según declaró Stuenkel a la AFP.Javier Milei G20

Relaciones con Washington

El vínculo con Estados Unidos se ha enfriado durante el mandato de Lula. El presidente Donald Trump es aliado del exmandatario de extrema derecha Jair Bolsonaro, padre del actual candidato. Su administración ha aplicado aranceles a productos brasileños y sanciones a jueces y otros funcionarios.

Si Lula resulta reelegido, es probable que Washington continúe utilizando amenazas y aranceles selectivos para intentar limitar sus vínculos con China, señaló Regiane Bressan, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Federal de São Paulo. Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil, por detrás de China. Según Bressan, una presidencia de Flavio Bolsonaro tendría mayor sintonía con Washington, "al menos retóricamente".

Una prueba para la democracia

El mandato de Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2022, sometió a tensión la democracia brasileña. Durante años se enfrentó a las instituciones, atacó al Tribunal Supremo y sembró dudas sobre el sistema de votación electrónica del país.

Tras su derrota electoral, Jair Bolsonaro y sus aliados conspiraron para desconocer el resultado e impedir que Lula asumiera el poder. El expresidente fue condenado en 2025 por intento de golpe de Estado y cumple una pena de 27 años bajo arresto domiciliario.

En enero de 2023, miles de sus seguidores irrumpieron en las sedes de los tres poderes del Estado brasileño en Brasilia con el objetivo de anular los comicios y propiciar una intervención militar.

Flavio Bolsonaro también cuestionó el sistema de votación electrónica, aunque después aseguró que respetaría los resultados. Ha prometido solicitar la amnistía para su padre y para los partidarios condenados, en caso de ser elegido.

La semana pasada, Lula defendió ante las Naciones Unidas el sistema electoral brasileño, al que describió como "moderno y robusto", y advirtió que no permitirá que los "enemigos de la democracia" socaven la voluntad popular.

El futuro del Tribunal Supremo

Los comicios del domingo también renovarán la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado, que en los últimos años ha mantenido una mayoría conservadora. Esto resulta relevante porque el próximo presidente nombrará hasta cuatro de los once magistrados de la Corte Suprema, quienes deberán ser confirmados por el Senado.

En abril, la cámara alta rechazó al candidato propuesto por Lula para el Tribunal Supremo, algo que no ocurría desde hacía más de un siglo. Flavio Bolsonaro ha arremetido contra el tribunal y ha pedido la destitución del juez Alexandre de Moraes, que presidió el juicio de su padre.

El tribunal también atraviesa una situación convulsa, ya que las investigaciones han examinado los vínculos entre varios magistrados, sus familiares o asociados y el banquero Daniel Vorcaro, encarcelado y acusado de fraude.

La Amazonía y el cambio climático

Brasil desempeña un papel clave en la lucha contra el cambio climático, ya que alberga una gran parte de la selva amazónica. Sin embargo, este asunto ha estado ausente de la campaña electoral.

La deforestación se redujo drásticamente durante la administración de Lula, que se comprometió a erradicarla para 2030. No obstante, ha recibido críticas por respaldar la exploración petrolera cerca de la desembocadura del río Amazonas.

Flavio Bolsonaro ha evitado atribuir el calentamiento global a la actividad humana. Aun así, se comprometió a terminar con la deforestación para 2029, aunque su respaldo a la agroindustria ha generado dudas sobre el cumplimiento de esa promesa.