APUNTE.COM.DO.- En enero de 1990, una cápsula que regresó a la Tierra tras casi seis años en órbita trajo consigo un cargamento inusual: semillas de tomate de la variedad Rutgers que habían resistido la exposición al espacio y que después germinaron en escuelas de Estados Unidos.

El material formaba parte de una misión diseñada para durar apenas un año, pero una emergencia modificó el calendario de la NASA y prolongó la prueba de manera imprevista.

Las semillas viajaron a bordo de la Instalación de Exposición de Larga Duración, conocida por sus siglas en inglés LDEF. Esta plataforma fue lanzada al espacio en 1984 con materiales, componentes y muestras biológicas cuyo objetivo era medir los efectos de la órbita sobre objetos que debían permanecer largos períodos fuera de la atmósfera terrestre.Infografía con ilustraciones de un frasco con tomates, brotes, estudiantes en un aula y gráficos informativos sobre un experimento de germinación.

La misión SEEDS, nombre que resumía la expresión Space Exposed Experiment Developed for Students, buscaba una respuesta concreta. Los científicos querían saber si una semilla podía conservar su capacidad de germinar después de recibir radiación solar, partículas del viento solar y otros efectos del entorno espacial.

En ese momento, la pregunta no estaba vinculada a futuras huertas en Marte, sino a la necesidad de entender cómo reaccionaban los seres vivos frente a condiciones ajenas a la Tierra.

El plan original contemplaba una recuperación temprana, a los seis meses. Sin embargo, el accidente del transbordador Challenger, ocurrido en enero de 1986, paralizó los vuelos de ese programa durante cerca de 32 meses. La NASA perdió la posibilidad de recoger la LDEF en la fecha prevista y el satélite permaneció en órbita mucho más tiempo. La circunstancia convirtió una prueba anual en una exposición de casi seis años.

Cuando la instalación volvió al planeta, los investigadores encontraron una oportunidad singular. Las semillas no habían pasado por una simulación de laboratorio ni por una exposición breve a radiación artificial. Habían permanecido en el espacio durante años, dentro de un dispositivo que atravesó cambios térmicos y recibió el impacto continuo de un ambiente sin protección atmosférica.

El experimento incluyó 132.000 kits de semillas distribuidos entre 3,3 millones de estudiantes de Estados Unidos.El proyecto SEEDS entregó 132000 kits a escuelas de Estados Unidos, con semillas espaciales y lote de control guardados en la Tierra (NASA)

La NASA, el Centro de Investigación Langley y la compañía George W. Park Seed Company organizaron el proyecto para que alumnos de jardín de infantes, escuelas y universidades participaran de la etapa de observación. Cada grupo recibió semillas expuestas al espacio y otro lote de referencia que permaneció bajo condiciones climáticas controladas en la Tierra.

Los estudiantes plantaron ambos grupos y registraron el tiempo de germinación, la cantidad de brotes y el aspecto de las plantas. Luego enviaron sus anotaciones por correo a la agencia espacial. Ese diseño tuvo una particularidad decisiva: no se trató de un ensayo realizado bajo condiciones idénticas en un único laboratorio. La información surgió de miles de aulas, con diferencias de suelo, riego, luz y temperatura.

Pese a las limitaciones propias de una experiencia escolar a gran escala, los primeros resultados mostraron una diferencia concreta. Las semillas que viajaron en la LDEF lograron una tasa de germinación del 73,8 %, frente al 70,3 % que alcanzó el lote conservado en la Tierra. La distancia entre ambos valores no permitió afirmar que el espacio mejorara las semillas, pero descartó el daño masivo que algunos especialistas esperaban.Los registros escolares mostraron que las semillas expuestas al espacio germinaron en un 73,8 por ciento frente al 70,3 por ciento de las terrestres (NASA)

La velocidad de aparición de los brotes también llamó la atención. Durante los seis meses posteriores al retorno de la carga, las semillas espaciales necesitaron un promedio de ocho días para germinar. Las semillas terrestres demoraron 8,3 días. La diferencia fue corta, aunque resultó consistente con la mayor proporción de germinación que observaron los participantes del programa.

Un análisis universitario financiado por la NASA aportó una posible explicación. Los especialistas compararon las cubiertas externas de los dos lotes mediante microscopía electrónica y detectaron una superficie más porosa en las semillas que habían estado en órbita. Esa modificación pudo facilitar el ingreso de agua y nutrientes una vez que las semillas entraron en contacto con el suelo.

La hipótesis encajaba con el comportamiento observado en las aulas. Si la cubierta perdió parte de su resistencia superficial por efecto de la radiación y las partículas solares, el proceso inicial de hidratación pudo requerir menos tiempo. Aun así, los documentos del proyecto trataron ese resultado como una observación preliminar, no como una fórmula para mejorar cultivos mediante vuelos espaciales.Las semillas que viajaron fuera de la atmósfera tardaron ocho días en germinar, las de control necesitaron un promedio de 8,3 días
(NASA)

La conclusión relevante fue otra. El número de mutaciones inusuales resultó bajo en relación con la duración de la exposición. Las semillas demostraron una resistencia mayor a la prevista frente a un ambiente que combina vacío, radiación y variaciones térmicas. Para los investigadores, ese dato ofreció información sobre los límites de supervivencia de estructuras biológicas sencillas, protegidas por una cubierta externa.El accidente del Challenger en 1986 retrasó el regreso de la LDEF, la misión prevista para un año terminó cerca de seis años después
(NASA)
Cerca de dos millones de semillas de 120 variedades y 106 especies viajaron en la LDEF, la carga incluyó 55 familias botánicas distintas
(NASA)