APUNTE.COM.DO.- “Las paredes tienen oídos” es un conocido dicho popular utilizado para advertir que una conversación considerada privada podría ser escuchada por personas ajenas o llegar a conocimiento de quienes no estaban presentes.

La expresión no significa que las paredes puedan oír literalmente. Su sentido es figurado y aconseja actuar con prudencia al tratar asuntos delicados, porque siempre puede existir alguien cerca, una puerta entreabierta, una llamada conectada o algún dispositivo capaz de registrar lo que se dice.

El refrán también recuerda que una confidencia deja de estar completamente bajo control desde el momento en que se comparte. Quien recibe la información podría repetirla, interpretarla equivocadamente o utilizarla fuera de su contexto.

En el ámbito familiar puede aplicarse cuando los adultos conversan sobre problemas económicos, conflictos de pareja o situaciones personales sin advertir que los niños u otros parientes están escuchando.

Una frase incompleta podría causar preocupación o provocar malos entendidos entre los integrantes de la familia.

En el trabajo cobra importancia durante conversaciones sobre cambios de personal, salarios, evaluaciones o decisiones internas.

Hablar de esos asuntos en pasillos, ascensores, cafeterías o espacios compartidos puede permitir que la información llegue antes de tiempo a las personas involucradas.

En la política y la administración pública, una declaración informal puede convertirse rápidamente en noticia, generar controversias o afectar negociaciones.

Funcionarios, dirigentes y colaboradores deben recordar que una conversación fuera de una actividad oficial también puede ser escuchada, grabada o difundida.

En el mundo empresarial, el dicho puede aplicarse cuando se comentan contratos, precios, estrategias comerciales o datos de clientes en lugares públicos.

Una conversación imprudente podría revelar información reservada a competidores o terceras personas.

También tiene relevancia en el ejercicio del derecho. Abogados, clientes, testigos y funcionarios deben proteger las informaciones confidenciales y evitar discutir casos sensibles en lugares donde otras personas puedan escucharlos.

La discreción contribuye a preservar derechos, reputaciones y el debido proceso.

La era digital ha dado mayor vigencia a la frase. Los teléfonos celulares, cámaras, asistentes de voz, videollamadas y redes sociales hacen posible que palabras pronunciadas en un momento privado sean grabadas y difundidas ante miles de personas.

Otro ejemplo ocurre cuando alguien utiliza el altavoz del teléfono sin informárselo a la persona con quien conversa. Esta práctica puede exponer comentarios privados y ocasionar situaciones incómodas o conflictos.

El dicho no pretende fomentar la desconfianza permanente ni el temor a comunicarse. Su principal enseñanza es pensar antes de hablar, escoger el lugar adecuado, comprobar quiénes están presentes y tratar con respeto la información ajena.

Comentario de Ramiro Estrella

Ramiro Estrella, periodista y abogado, director ejecutivo de Apunte.com.do, considera que este dicho mantiene plena vigencia en una época en la que cualquier expresión puede ser grabada y difundida en cuestión de segundos.

Hablar con prudencia no significa ocultar la verdad, sino reconocer que las palabras tienen consecuencias. Antes de compartir una información delicada conviene determinar si es cierta, necesaria y apropiada para el lugar y las personas presentes.

El respeto a la privacidad y a la dignidad de los demás debe prevalecer en las conversaciones familiares, profesionales, políticas y sociales.

“Las paredes tienen oídos” continúa siendo, en definitiva, una enseñanza sencilla sobre discreción, responsabilidad y buen juicio: lo dicho puede llegar mucho más lejos de lo imaginado.