APUNTE.COM.DO.- Una investigación desarrollada por científicos dominicanos comprobó la existencia de una diversidad de cianobacterias con potencial tóxico en las presas de Hatillo y Valdesia, dos de los principales embalses y fuentes de abastecimiento de agua del país.
El motivo que llevó a estos especialistas a sumarse a un proyecto regional auspiciado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) entre 2023 y 2026 fue el aumento de los blooms o florecimientos de cianobacterias y de la mortandad de peces registrada en distintas masas de agua dulce del país.
Mediante la iniciativa titulada “Evaluación de la contaminación ambiental orgánica e inorgánica en ecosistemas acuáticos de América Latina y el Caribe, y su impacto en el riesgo de cianobacterias productoras de cianotoxinas que afectan la salud humana”, el equipo detectó microcistina (Microcystis aeruginosa y Microcystis sp), toxinas hepatotóxicas, es decir, que se acumulan en el hígado.
“Detectamos los genes de la cianobacteria y de la cianotoxina, específicamente la Microcystis, que es la bacteria, y la microcistina, que es la cianotoxina. Pero ahí (en la presa de Valdesia, 2025) solamente identificamos los genes que se expresan para poder identificar la toxina y la especie. Ahora estamos cultivando la bacteria y verificando la producción de la toxina”, explicó Alfaniris Vargas, doctora en Microbiología Molecular y Ciencias Ambientales.
Aunque la relación entre la muerte de los peces y la presencia de las cianobacterias aún no se ha establecido, la doctora Alfaniris Vargas, quien dirige actualmente el Instituto de Microbiología y Parasitología (IMPA) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), señaló que esas muertes podrían deberse a las cianotoxinas y afectar también las labores de riego y pesca de la zona.
Según la especialista, múltiples causas podrían estar provocando estos blooms: “tienen que combinarse varios factores: tiene que estar en una temperatura apta para que se puedan desarrollar, el aumento de la temperatura favorece al crecimiento, pero también tiene que haber una cantidad de nutrientes que son los que la bacteria consume”.
Los nutrientes a los que se refiere Vargas son desechos como fertilizantes y residuos agrícolas que, con las lluvias, bajan por las escorrentías desde las montañas hasta los embalses. “Para nosotros son tóxicos, son desechos, pero para las bacterias es su alimento, son sus nutrientes; principalmente el aumento de fósforo y de nitrógeno hace que las cianobacterias se reproduzcan a una velocidad y a una cantidad excesiva y ahí es que nosotros las vemos como un bloom”, describió la investigadora que participó en el proyecto junto a otros investigadores universitarios e instituciones públicas.
De acuerdo con la docente e investigadora, las cianobacterias, organismos diminutos conocidos como algas verdeazuladas o floraciones algales nocivas, son especies beneficiosas en muchos aspectos, pero cuando liberan toxinas “tiene que ser una preocupación de salud pública”.
Una de las principales consecuencias observadas desde la presencia de cianobacterias en embalses, ríos y lagos del país es el deterioro de la biodiversidad. La reducción de la población de peces es uno de esos efectos, que además perjudica la economía y la alimentación de las áreas estudiadas, pues “los habitantes de la zona pescan, ese es su medio de vida y también su medio de alimentación”.
“Y no solamente son los peces”, añadió Vargas, “otros organismos que se encuentran ahí también se ven afectados porque, cuando aumentan esos nutrientes, hay otros organismos que no los pueden resistir y mueren”.
Asimismo, las cianobacterias consumen grandes cantidades de dióxido de carbono, lo que también limita la oxigenación del agua. “Cuando está el bloom tan grande, se limita y los organismos necesitan el oxígeno para ellos poder sobrevivir”, indicó la especialista en microbiología molecular.
Pese a que pueda parecer un problema lejano, existen otras implicaciones que se extienden a otras demarcaciones y que podrían representar un riesgo para la salud pública. Las aguas de estos embalses llegan a la población y, aunque son sometidas a un proceso de potabilización, este no resulta suficiente.
“No vamos a decir que no se eliminan (las toxinas) con los procesos de la potabilización de las plantas de tratamiento como tal; se baja la carga del bloom, de la bacteria, de la biomasa, pero si la toxina está en el medio, puede traspasar porque son moléculas muy pequeñitas”, sostuvo la experta, quien aseguró que se requiere otro tipo de tratamiento para eliminarlas.
Con el objetivo de conocer cómo impactan estas toxinas en la población, hay un nuevo estudio en proceso. Vargas coordina actualmente el proyecto nacional DOM7007 del OIEA, una iniciativa centrada en la aplicación de herramientas moleculares e isotópicas para la vigilancia de cianobacterias y cianotoxinas, así como en el biomonitoreo de la contaminación ambiental.
“Nosotros hemos identificado la presencia de los genes que se encuentran activos en las bacterias cuando hay ese desprendimiento de las toxinas; sin embargo, no hemos todavía cuantificado las toxinas, aunque sí detectamos químicamente en Hatillo las especies de cianobacterias”, agregó la especialista en ecología microbiana.
Investigaciones previas se han centrado en los factores que favorecen su reproducción: temperaturas cálidas, luz solar y aguas ricas en nutrientes. El equipo ahora intenta rastrear los isótopos estables para determinar de dónde proviene la contaminación. “Eso nos puede decir si viene de la agricultura, si viene